Río de Janeiro volvió a quedar en el centro de la escena global al reunir a más de 5,1 millones de personas en sus celebraciones de fin de año, estableciendo un récord mundial como la mayor fiesta de Nochevieja del planeta. La hazaña fue certificada oficialmente por Guinness World Records, consolidando a la ciudad como uno de los grandes íconos de las celebraciones multitudinarias.
Según datos de la alcaldía, unos 2,6 millones de asistentes se concentraron en la emblemática playa de Copacabana, donde un espectáculo de fuegos artificiales de doce minutos, acompañado por un impactante show de drones, iluminó el cielo carioca. El evento contó además con tres escenarios sobre la arena y formó parte de una programación que se extendió a 13 escenarios distribuidos por toda la ciudad, con la participación de residentes y turistas.
El tradicional show pirotécnico estuvo a cargo del escenógrafo francés Christophe Berthonneau, reconocido por su labor en eventos internacionales como la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Por primera vez, se utilizaron 19 balsas ancladas frente a la costa, duplicando el número de la edición anterior y ampliando el alcance visual del espectáculo. Todas las embarcaciones superaron las inspecciones de seguridad del Cuerpo de Bomberos, garantizando el desarrollo del evento sin incidentes.
La edición 2026 se distinguió también por su fuerte apuesta tecnológica. La alcaldía destacó que se trató de la mayor presentación con drones realizada en eventos masivos en América Latina, marcando un hito en la integración entre innovación y tradición.
La propuesta musical fue otro de los grandes atractivos, con conciertos de referentes de la Música Popular Brasileña como Gilberto Gil y Ney Matogrosso, junto a figuras del samba como Belo, Alcione, Roberta Sá, Mart’nália y Diogo Nogueira, además del DJ Alok, encargado del cierre electrónico. Uno de los escenarios estuvo dedicado exclusivamente a la música góspel, ampliando la diversidad cultural de la celebración.
Las festividades se extendieron más allá de Copacabana, con 2,5 millones de personas participando en eventos organizados en otras 10 playas y plazas públicas de la ciudad. Vestidos mayoritariamente de blanco, los asistentes mantuvieron viva la tradición de rendir homenaje a las religiones afrobrasileñas, con ofrendas de flores y velas dedicadas a Yemayá.
La música continuó hasta la madrugada con la presentación de la batería de la escuela de samba Beija-Flor, mientras miles de personas permanecieron en las playas hasta bien entrada la mañana, cerrando una celebración que ya quedó marcada como histórica para Río de Janeiro y el mundo.


