En un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas, cambios en los hábitos de consumo y una demanda creciente por propuestas auténticas, Costa Rica reafirma su modelo turístico basado en la sostenibilidad, la identidad local y la calidad del visitante.
Aunque 2025 cerró con un crecimiento moderado del 1% en llegadas aéreas, el balance no se mide solo en volumen. Para el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el foco está puesto en atraer un perfil de viajero con mayor permanencia, gasto e interés genuino por la naturaleza y las comunidades locales.
“Nuestro objetivo no es tener más turistas, sino mejores viajeros”, resumió Ireth Rodríguez, una de las principales referentes de la promoción vacacional del país.
Un 2025 desafiante, pero con señales alentadoras
El año pasado estuvo marcado por la reducción de asientos aéreos desde mercados clave y por un contexto internacional inestable. Sin embargo, a partir de julio comenzó un repunte sostenido que se consolidó hacia fin de año.
Los últimos meses mostraron cifras especialmente positivas en mercados europeos, como España, que registró un incremento destacado en la llegada de visitantes. Con este envión, el ICT proyecta un 2026 más dinámico, con crecimiento sostenido y mayor generación de divisas, siguiendo la tendencia de años anteriores en los que el turismo superó los 5.000 millones de dólares en ingresos.
La estrategia combina campañas de conversión con mayoristas, alianzas con marcas afines a la sostenibilidad y una fuerte inversión en capacitación de agentes de viajes, a través de viajes de familiarización y experiencias inmersivas en destino.
Menos concentración, más territorio
Uno de los grandes ejes del desarrollo turístico costarricense es la descentralización de la actividad. Desde 2018, el país trabaja con un modelo de gestión integral que divide el territorio en polos de desarrollo sostenible, donde las propias comunidades definen qué tipo de destino quieren construir.
Entre las zonas emergentes aparece con fuerza el sur del país. Coto Brus, cerca de San Vito, reúne condiciones naturales similares a Monteverde, pero con un perfil más vinculado a la aventura y la conservación.
También se destaca el Golfo Dulce, donde crecen pequeños proyectos de lujo enfocados en la experiencia, la conexión profunda con la naturaleza y el bajo impacto ambiental, en una de las áreas más biodiversas del planeta.
Mucho más que ecoturismo
Si bien Costa Rica es sinónimo de naturaleza, hoy la propuesta va más allá del ecoturismo tradicional. El país está transformando su riqueza agrícola y cultural en vivencias turísticas auténticas.
En Sarapiquí, a solo hora y media de San José, el visitante puede recorrer cultivos de cacao, vainilla, palmito y piña orgánica, además de conocer procesos productivos y degustar en origen. La zona también es referente mundial en rafting y resguarda un importante valor histórico vinculado a las luchas del siglo XIX.
En el sur, el Parque Nacional Corcovado es considerado uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta y se posiciona como una joya para el turismo de naturaleza de alto valor.
A su vez, regiones como Turrialba combinan café de especialidad, cacao y el tradicional queso con denominación de origen, integrando producción local y turismo en clave sostenible.
Gastronomía con identidad y sello local
Uno de los pilares emergentes es la gastronomía costarricense, impulsada por un Plan Nacional de Gastronomía Sostenible y Saludable que lleva más de una década en marcha.
El turismo ha potenciado la formación de nuevos chefs y la revalorización de ingredientes autóctonos. Hoy, la cocina local se convierte en una puerta de entrada a la cultura, las tradiciones y la biodiversidad del país.
La lógica es clara: productos de temporada, proveedores locales, baja huella de carbono y comunidades como protagonistas. Así, la gastronomía se integra al modelo turístico de pequeña escala que distingue a Costa Rica.
Sostenibilidad como política de Estado
La sostenibilidad no es una tendencia reciente, sino una política histórica. Más del 26% del territorio costarricense está protegido por el Estado, a lo que se suman reservas privadas. Además, el país fue pionero en el Programa de Pago por Servicios Ambientales, que incentivó la reforestación y permitió revertir la deforestación de décadas pasadas.
En el sector turístico, el Certificado de Sostenibilidad Turística (CST) guía desde hace casi 30 años a empresas que adoptan buenas prácticas ambientales y sociales. Este liderazgo llevó a Costa Rica a presidir la Comisión de Sostenibilidad de ONU Turismo desde 2024.


