TUI advierte que la presión fiscal y regulatoria pone en riesgo la competitividad turística

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El exceso de regulación y la carga impositiva en Europa están empujando a grandes grupos turísticos a mirar fuera del continente para invertir, una situación que, según Sebastian Ebel, CEO de TUI Group, ya está teniendo consecuencias visibles en la demanda y en la salud financiera de las empresas del sector.

Desde su mirada, el problema no es nuevo pero sí cada vez más evidente: las compañías no anuncian que se van, simplemente trasladan sus inversiones hacia mercados más dinámicos como Latinoamérica o Asia, donde los marcos normativos son más ágiles y los costos operativos resultan más competitivos. Para Ebel, Europa “se está regulando a sí misma en contra de sus propios intereses”, debilitando su posición frente a actores globales que no están sujetos a las mismas reglas.

En el plano turístico, el ejecutivo remarca que España no corre riesgo de perder conectividad aérea, aunque aclara que el crecimiento de capacidad no será automático ni uniforme. Destinos consolidados como Mallorca ya cuentan con una oferta muy competitiva, mientras que Canarias y la península podrían ver ajustes según la demanda. TUI, explica, prioriza aumentar vuelos hacia destinos donde tiene una fuerte presencia hotelera propia, como Omán o Cabo Verde, complementando la oferta con acuerdos dinámicos con distintas aerolíneas, incluso desde aeropuertos secundarios.

Uno de los puntos que más preocupa al grupo es la suba de tasas aeroportuarias, ya que su impacto se traslada directamente al viajero. Ebel advierte que pequeños incrementos en el precio final pueden provocar un cambio de destino, especialmente en el caso de las familias, donde el costo adicional se multiplica por cada pasajero. Desde su experiencia, cuando viajar se encarece demasiado, el cliente simplemente deja de elegir ese lugar, sin previo aviso.

A esto se suma una competencia desigual: mientras las empresas europeas afrontan impuestos y regulaciones cada vez más estrictas, plataformas y compañías con sede fuera de la Unión Europea operan con estructuras de costos mucho más livianas, ganando terreno en el mercado global. En ese contexto, invertir en Europa resulta, hoy, menos atractivo.

Si bien Ebel reconoce que cierto nivel de regulación es necesario, sostiene que la burocracia se ha convertido en un freno para la innovación y el crecimiento. Incluso dentro de Europa, señala diferencias claras: emprender en países como Dinamarca o Portugal es considerablemente más sencillo que hacerlo en Alemania, lo que explica por qué muchas empresas medianas —históricamente el motor económico europeo— han comenzado a emigrar.

Más que una crítica aislada, el mensaje apunta a una llamada de atención a los responsables políticos. Para el CEO de TUI, la pregunta clave es cómo fortalecer y proteger a las empresas europeas sin perder competitividad frente al resto del mundo. Advierte que algunas normativas, como las vinculadas a los viajes combinados, pueden terminar perjudicando al consumidor, empujándolo a contratar servicios por separado y sin protección.

Ebel concluye que Europa aún tiene todas las oportunidades para corregir el rumbo, pero el margen de maniobra se achica. “Estamos cerca del límite”, señala, insistiendo en que reducir costos, simplificar regulaciones y acelerar los cambios será clave para que el turismo europeo siga siendo competitivo a escala global.