Flybondi en alerta: atrasos salariales y tensiones internas encendieron las alarmas

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La low cost Flybondi volvió al centro de la escena y no precisamente por buenas noticias. La aerolínea confirmó que no logró pagar los sueldos de marzo, un golpe directo a la estabilidad interna y una señal preocupante sobre su situación financiera. El aviso llegó casi a la medianoche, cuando el área de Recursos Humanos informó a los empleados que, por “motivos administrativos”, el depósito quedaba postergado sin una fecha concreta, aunque aseguraron estar trabajando para regularizarlo “a la brevedad”.

La crisis salarial no aparece aislada: se da en un momento de reacomodamiento accionario dentro de la compañía. El control principal está hoy en manos de COC Global Enterprise, un fondo estadounidense liderado por Leonardo Scatturice, empresario con presencia en sectores vinculados al transporte y la logística. La expectativa era que estas conexiones impulsaran nuevas sinergias para fortalecer la operación, pero hasta ahora las dificultades siguen sin disiparse, y el clima de incertidumbre es cada vez mayor.

El malestar también creció tras el plan de retiros voluntarios lanzado en marzo, que sorprendió por su velocidad: solo cinco días hábiles para que alrededor de 1.500 empleados decidieran si aceptaban o no. En el sector, la iniciativa se interpretó como una medida clara de ajuste para reducir costos ante un escenario complejo.

A esto se suma un contraste llamativo: mientras la empresa hablaba de una “temporada épica”, en la realidad se registraron recortes de frecuencias, demoras, cancelaciones y suspensión de destinos clave. Parte de estos retrocesos se explican por problemas operativos y sanciones por incumplimientos, un combo que deteriora la experiencia del pasajero y alimenta dudas en el mercado sobre la capacidad de Flybondi para sostener su modelo low cost.

El panorama deja más preguntas que respuestas y abre un interrogante central: ¿podrá la aerolínea estabilizarse a tiempo o está frente a una crisis más profunda? Por ahora, lo único seguro es que el malestar dentro de la compañía crece y la confianza del público empieza a ponerse en juego.