Costa Rica y el turismo de valor: una estrategia que apuesta por estadías largas y experiencias de naturaleza

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El destino centroamericano consolidó un modelo turístico basado en la conservación, la biodiversidad y experiencias vinculadas con la naturaleza, mientras busca atraer viajeros que permanezcan más tiempo y diversificar el impacto económico de cada visita.

En un mercado turístico donde los destinos suelen medir su desempeño principalmente por la cantidad de visitantes que reciben, Costa Rica plantea otra variable: cuánto tiempo permanece cada viajero, qué experiencias consume y cuánto valor genera su estadía para el destino.

El país centroamericano construyó durante décadas un posicionamiento internacional alrededor de la naturaleza y la sostenibilidad. Ese enfoque no se limita a la promoción turística: forma parte de un modelo que vincula áreas protegidas, comunidades, empresas turísticas y experiencias asociadas con la biodiversidad.

Según el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), las áreas silvestres protegidas constituyen uno de los principales atractivos del país y son un componente central de su marca turística. El Plan Nacional de Turismo 2022-2027 señala que las áreas protegidas terrestres representan alrededor del 26,5% del territorio nacional.

Estadías que amplían el valor del viaje

Uno de los indicadores que permite observar este modelo es la duración de las visitas.

En febrero de 2026, el ICT destacó que el mercado colombiano, uno de los principales emisores sudamericanos hacia Costa Rica, registró una estadía promedio de 10,3 noches y un gasto diario de USD 186,3. El organismo calificó a este segmento como un mercado de alto valor para el destino.

La estrategia también busca generar visitantes recurrentes. Entre los turistas estadounidenses que viajaron a Costa Rica en 2024, el 28,7% manifestó que ya había visitado anteriormente el país, según la caracterización de ese mercado realizada por el ICT.

Más que depender exclusivamente de nuevas llegadas, estos indicadores permiten observar la importancia que tienen para Costa Rica la permanencia, la repetición del viaje y la diversificación de las experiencias.

La naturaleza como eje de la marca turística

La principal ventaja competitiva del destino está vinculada con sus recursos naturales.

El ICT señala que Costa Rica concentra alrededor del 5% de la biodiversidad mundial en apenas el 0,03% del territorio del planeta. El país cuenta además con una extensa red de parques nacionales y áreas de conservación.

La biodiversidad también se convierte en producto turístico. El país cuenta con más de 900 especies de aves identificadas y desarrolló una Ruta Nacional de Observación de Aves integrada por diferentes regiones, parques nacionales, reservas y comunidades.

Este patrimonio permite construir una oferta que va más allá del turismo tradicional de sol y playa: observación de fauna, senderismo, volcanes, bosques, bienestar, aventura y experiencias vinculadas con comunidades forman parte del abanico de productos que comercializa el destino.

De la conservación al producto turístico

Costa Rica comenzó a construir este posicionamiento hace décadas y convirtió la conservación en uno de los elementos centrales de su estrategia turística.

El propio ICT define su modelo de desarrollo turístico sostenible a partir de tres dimensiones: ambiental, económica y sociocultural. Además, destaca el peso de las pequeñas empresas dentro de la estructura turística del país.

La lógica es que la naturaleza no sea solamente un escenario para el visitante, sino el principal activo sobre el cual se construyen productos, servicios y experiencias.

En marzo de 2026, Costa Rica recibió el reconocimiento de “Mejor Destino de Naturaleza” en los Forbes Travel Awards 2026, distinción que el ICT vinculó con su biodiversidad, sus áreas protegidas y su modelo de turismo sostenible.

Un modelo basado en experiencias

La propuesta costarricense también refleja un cambio en la manera de comercializar los destinos.

En lugar de concentrar toda la experiencia turística en un único establecimiento, el viaje puede distribuirse entre diferentes territorios y actividades: una visita a un parque nacional, observación de fauna, gastronomía, bienestar, aventura, contacto con comunidades y alojamiento en distintas zonas del país.

Para la industria turística, el caso plantea una cuestión relevante: el crecimiento no necesariamente se mide únicamente por la cantidad de personas que llegan, sino también por la duración de sus viajes, la variedad de actividades que realizan y el impacto que generan en las economías locales.

Costa Rica construyó buena parte de su identidad turística sobre esa premisa. La naturaleza funciona como recurso, pero también como argumento de posicionamiento, producto turístico y elemento de diferenciación internacional.

En un escenario donde los viajeros buscan cada vez más experiencias vinculadas con el bienestar, la sostenibilidad y los espacios naturales, el modelo costarricense muestra cómo un destino puede convertir la conservación de sus recursos en uno de los principales componentes de su estrategia turística.