Cataluña busca consolidarse como destino turístico durante todo el año

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Por Mary de Aquino

Para Arantxa Calvera, descubrir Cataluña no debería depender de una única estación. La directora global de la Agencia Catalana de Turismo plantea un territorio que cambia a lo largo del año y que encuentra precisamente en esa diversidad una de sus principales fortalezas: nieve y montaña en invierno, gastronomía entre enero y marzo, campos en flor al finalizar la estación fría, fiestas populares, festivales, arquitectura, costa y tradiciones que se suceden durante los distintos meses.

Este enfoque forma parte de una transformación más amplia de la estrategia turística catalana. Cataluña busca avanzar del volumen al valor y atraer viajeros interesados en conocer el destino, su cultura, sus paisajes y su gastronomía. Brasil ocupa un lugar relevante dentro de esa estrategia, entre otros motivos porque sus períodos de vacaciones permiten captar visitantes fuera de los meses de mayor concentración del turismo europeo.

Calvera plantea un modelo turístico capaz de mantener la actividad económica y el empleo durante los doce meses del año. Y cuando describe qué puede encontrar un viajero en Cataluña según la época de su visita, esa estrategia se traduce en una sucesión de propuestas concretas.

Invierno entre nieve, montaña y gastronomía

Durante el invierno, los Pirineos representan una de las principales puertas de entrada al destino. La nieve permite practicar esquí, pero la oferta también incluye trekking, actividades de aventura, naturaleza y patrimonio, con posibilidades de combinar montaña y cultura en un mismo viaje.

Entre enero, febrero y marzo aparece además una de las tradiciones gastronómicas que Calvera destaca especialmente: las calçotades. Los calçots se preparan al fuego y protagonizan encuentros alrededor de largas mesas compartidas.

Más que una experiencia concebida exclusivamente para el visitante, se trata de una celebración vinculada a la vida local, en la que residentes y viajeros pueden participar de una costumbre profundamente arraigada en Cataluña.

Ese encuentro entre quienes viven en el destino y quienes llegan para conocerlo ocupa un lugar central en la visión de Calvera. La cultura, sostiene, no debería convertirse en un escenario construido únicamente para el turista, sino en una experiencia compartida.

La floración y los paisajes rurales

Entre febrero y marzo, el paisaje vuelve a transformarse con la floración de los árboles frutales. Algunas zonas de Cataluña se convierten durante esos meses en grandes extensiones blancas y rosadas, con almendros, melocotoneros, nectarinos y otros cultivos.

La propuesta permite acercarse a una Cataluña rural y agrícola diferente de las imágenes más difundidas internacionalmente y sumar una experiencia vinculada al territorio y a sus ciclos naturales.

A medida que avanzan los meses, el calendario continúa con otras celebraciones. Girona se llena de flores durante una de sus fiestas más reconocidas, mientras que en distintos puntos de la costa las habaneras mantienen viva una tradición musical vinculada a quienes partieron hacia América y a la memoria de aquellos viajes.

Barcelona y las tradiciones catalanas

Barcelona también tiene sus propios momentos dentro del calendario. En septiembre llegan las fiestas de La Mercè, que reúnen distintas expresiones de la cultura popular catalana.

Más adelante aparece la Castanyada, una tradición asociada a las castañas, a los encuentros familiares y entre amigos y al recuerdo de los fallecidos.

El cierre del año incorpora el frío, los mercados, los belenes y otras celebraciones tradicionales. Para Calvera, esta variedad permite construir una propuesta turística que no obligue al viajero a pensar Cataluña únicamente como un destino de verano.

Cultura como eje de la promoción internacional

En 2026, la cultura ocupa un lugar central en la forma en que Cataluña busca posicionarse internacionalmente. Calvera menciona figuras como Antoni Gaudí, Joan Miró y Salvador Dalí, artistas que trascendieron las fronteras catalanas y se convirtieron en referencias internacionales.

Pero la visión de cultura que plantea es más amplia e incluye museos y arquitectura, pero también fiestas, tradiciones, música, costumbres y experiencias gastronómicas.

La figura de Joan Miró tuvo además una conexión directa con Brasil. Durante la misión catalana en São Paulo, una exposición dedicada al artista permitió vincular la promoción turística con una experiencia cultural.

La acción formó parte de una agenda que reunió a profesionales del turismo, operadores y formadores de opinión interesados en conocer otras dimensiones del destino.

La gastronomía también tuvo presencia. El chef catalán Oscar Bosch, radicado en Brasil, presentó una interpretación contemporánea de la cocina de su tierra y mostró cómo la tradición puede mantenerse vigente mientras dialoga con el presente.

La Costa Brava como escenario internacional

Hacia el final de la conversación, Calvera también se refirió a una película que será estrenada próximamente en Netflix, aunque reconoció que en ese momento no recordaba el título.

La producción fue rodada en la Costa Brava y, según explicó, incorpora el paisaje, el mar, los vinos y la gastronomía de la región dentro de una historia relacionada con la transformación de la cocina contemporánea.

Calvera también recordó cómo determinadas ideas surgidas en Cataluña —desde los largos menús compuestos por pequeñas preparaciones hasta nuevas texturas, técnicas y formas de presentar los platos— terminaron influyendo en cocinas de diferentes partes del mundo.

Ese relato coincide con la Cataluña que la Agencia Catalana de Turismo busca proyectar: un territorio donde paisaje, cultura y gastronomía no funcionan como productos aislados, sino como partes de una misma identidad.

En ese contexto, el calendario se convierte en uno de los principales argumentos de promoción. Cataluña busca evitar una única imagen del destino repetida durante todo el año y propone, en cambio, que cada estación permita descubrir una experiencia diferente.