La gira prevista por Uruguay, Argentina y Perú en noviembre podría movilizar a miles de fieles y generar actividad para hoteles, transporte y servicios turísticos. Tras la operación del pontífice por un tumor maligno de pulmón, la continuidad del viaje concentra la atención de los países involucrados.
La salud del papa León XIV abrió un interrogante sobre uno de los acontecimientos religiosos previstos para noviembre en América del Sur: su primera visita apostólica a Uruguay, Argentina y Perú. Aunque el Vaticano informó que el pontífice evoluciona favorablemente después de una operación por un adenocarcinoma pulmonar y que los preparativos continúan, su recuperación vuelve a poner en perspectiva la dimensión de estos viajes para el turismo religioso.
La gira está programada del 6 al 17 de noviembre. El itinerario contempla actividades en Montevideo, Paysandú y Florida, en Uruguay; Buenos Aires, Córdoba y Luján, en Argentina; y Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa, en Perú. La agenda incluye celebraciones religiosas, vigilias de oración y encuentros con comunidades católicas.
Una visita que moviliza más que a los fieles
Los viajes papales pueden convertirse en acontecimientos de gran relevancia para la actividad turística. Además de los peregrinos que se desplazan por motivos de fe, estas convocatorias pueden involucrar a agencias de viajes, empresas de transporte, establecimientos hoteleros, restaurantes, comercios y operadores de excursiones.
La llegada de un pontífice también puede aumentar la visibilidad de destinos religiosos y culturales, estimular visitas a santuarios y generar oportunidades para que los viajeros prolonguen su estadía y conozcan otros atractivos de cada región.
En Argentina, por ejemplo, la agenda prevista incluye una celebración en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, uno de los principales centros de peregrinación del país. En Uruguay, la visita contempla actividades vinculadas con la Virgen de los Treinta y Tres, mientras que Perú combina celebraciones religiosas con destinos como Chiclayo y Cusco.
¿Qué pasaría si el viaje se posterga?
Una eventual suspensión o modificación de la gira podría afectar la planificación de quienes organicen viajes para asistir a las celebraciones, así como las reservas vinculadas directamente con las fechas y las ciudades incluidas en el recorrido.
Sin embargo, el impacto económico dependería de factores como la cantidad de visitantes que viajen desde otras regiones o países, el nivel de ocupación hotelera asociado al acontecimiento y las condiciones de cancelación de los servicios contratados. Sin datos específicos sobre reservas, pasajeros y gastos turísticos, no es posible cuantificar las pérdidas que podría provocar una eventual postergación.
Tampoco significaría que el turismo religioso desaparezca en esos destinos. Los santuarios, las fiestas patronales, las peregrinaciones tradicionales y los circuitos de patrimonio religioso mantienen su capacidad de convocatoria más allá de la presencia de un papa.
La fe como motor de los viajes
El caso de León XIV muestra cómo la agenda de una figura religiosa puede tener repercusiones que trascienden lo pastoral y alcanzan a la planificación turística de varios países. La expectativa ante una visita pontificia puede impulsar desplazamientos extraordinarios, pero también pone a prueba la capacidad de los destinos para gestionar grandes concentraciones de personas y coordinar servicios.
Por ahora, la gira sudamericana continúa en preparación mientras el pontífice se recupera. La evolución de su salud y las decisiones que adopte el Vaticano determinarán si el calendario previsto se mantiene o requiere modificaciones.
Para los destinos involucrados, el desafío consiste en aprovechar el interés por el turismo religioso sin confundir el efecto extraordinario de una visita papal con el movimiento habitual que generan sus santuarios y tradiciones de fe.


