Jiufen,el pueblo de Taiwán que se ilumina con faroles al caer la noche

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En las montañas del nordeste de Taiwán, Jiufen pasó de ser un centro minero dedicado a la extracción de oro a uno de los destinos más reconocidos de la isla. Sus callejones escalonados, casas de té y faroles rojos atraen visitantes que buscan conocer una localidad donde el pasado industrial convive con nuevas experiencias turísticas.

Cuando cae la tarde y los faroles rojos comienzan a iluminar sus callejones, Jiufen adquiere una imagen que parece detenida en otra época. Las casas tradicionales se aferran a la ladera, las escaleras serpentean entre comercios y pequeñas casas de té, y las vistas hacia las montañas y el mar completan el paisaje.

Esta localidad se encuentra en el distrito de Ruifang, en Nueva Taipéi, al nordeste de Taiwán. Su popularidad actual contrasta con una historia marcada por la minería: durante décadas, la extracción de oro impulsó su desarrollo y atrajo a trabajadores y comerciantes. Cuando esa actividad perdió protagonismo, el pueblo atravesó un período de declive antes de encontrar en el turismo una nueva forma de proyectarse.

Del oro a las calles históricas

El auge minero transformó a Jiufen a partir de fines del siglo XIX. El descubrimiento de oro en la región atrajo a numerosos trabajadores y convirtió a la localidad en un centro de actividad económica. Su crecimiento quedó reflejado en las construcciones, los caminos y los espacios comerciales que todavía forman parte de su paisaje.

Con el cierre progresivo de las minas y el declive de la actividad, la localidad perdió dinamismo. Décadas después, el interés por su arquitectura tradicional y su historia contribuyó a recuperar su visibilidad. Una de las películas que tuvo un papel importante en ese proceso fue A City of Sadness, del director taiwanés Hou Hsiao-hsien, filmada en Jiufen en la década de 1980 y reconocida internacionalmente.

La recuperación turística permitió dar un nuevo uso a antiguas calles y edificios. Hoy, parte de ese patrimonio alberga casas de té, locales gastronómicos, tiendas de artesanías y comercios dedicados a los visitantes.

Callejones, faroles y casas de té

El recorrido por Jiufen se concentra en sus calles antiguas, especialmente Jishan Street y Shuqi Road. Son pasajes estrechos, con escaleras de piedra, fachadas tradicionales y pequeños negocios que ofrecen especialidades locales, recuerdos y productos artesanales.

Las casas de té constituyen otra de las experiencias características del lugar. Muchas ocupan edificios con terrazas y ventanas orientadas hacia las montañas o el mar. Allí, la tradición de tomar té se combina con la arquitectura histórica y las vistas panorámicas.

La gastronomía también forma parte de la visita. Entre las preparaciones populares se encuentran las bolas de taro, las sopas tradicionales y distintos bocados callejeros que se venden a lo largo de los callejones. El recorrido se construye así entre sabores, comercios y espacios que conservan la atmósfera de la antigua localidad minera.

Un paisaje que cambia cuando oscurece

Durante el día, las vistas de la costa y las montañas permiten apreciar la ubicación de Jiufen sobre la ladera. Al anochecer, los faroles encendidos modifican el aspecto de las calles y crean uno de los escenarios más fotografiados de Taiwán.

La iluminación, las casas de té y los pasajes escalonados contribuyeron a que el pueblo ganara notoriedad internacional. Su apariencia también suele asociarse con El viaje de Chihiro, la película de animación del japonés Hayao Miyazaki. Sin embargo, no está confirmado que Jiufen haya sido una fuente directa de inspiración para la película, aunque las semejanzas visuales alimentaron esa relación en el imaginario turístico.

Más allá de esa asociación, el pueblo ofrece otros atractivos en sus alrededores, entre ellos senderos, antiguas zonas mineras y miradores sobre la costa nororiental. La visita permite combinar el patrimonio urbano con un paisaje natural que forma parte de la identidad de la región.

El desafío de convertir la historia en una experiencia turística

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La transformación de Jiufen refleja cómo una localidad puede encontrar nuevas oportunidades después del declive de su principal actividad económica. El patrimonio minero, las construcciones antiguas y las tradiciones locales se integraron a una propuesta turística que hoy convoca a viajeros nacionales e internacionales.

Sin embargo, la popularidad también genera desafíos. Sus callejones estrechos y sus escaleras concentran una gran cantidad de visitantes, especialmente en los sectores comerciales y durante las horas de mayor circulación. La gestión de los flujos turísticos, el cuidado de las construcciones y la convivencia con quienes viven y trabajan allí son cuestiones relevantes para sostener esa actividad.

Jiufen demuestra que la identidad de un destino puede cambiar sin borrar necesariamente su pasado. Donde antes el oro impulsaba la economía, hoy las casas de té, la gastronomía y las calles iluminadas atraen a viajeros. Entre la montaña y el mar, el antiguo pueblo minero encontró una nueva manera de mantener viva su historia y convertirla en parte de su presente.