El país sigue teniendo un mal año para la llegada de turistas extranjeros. La comparación de las estadísticas de turismo receptivo para el mes de septiembre de 2023 y septiembre de 2026 expone el fuerte retroceso estructural que atraviesa el sector. A pesar de los recientes discursos oficiales que intentan instalar una narrativa de recuperación económica, los datos del INDEC reflejan una realidad incontrastable: cuando se cruzan las estadísticas de turistas extranjeros con pernocte en el mes de septiembre de ambos años, se determina una caída porcentual del 21,3%, pasando de 549.000 ingresos en septiembre de 2023 a 432.200 en septiembre de 2026. Esto significa una pérdida neta de 116.800 viajeros internacionales solamente en ese mes.
En ese mismo sentido, al analizarse los números de los visitantes internacionales totales —si se suma el segmento de excursionistas que entran y salen en el día—, el desplome es de un 22,3%, contrayéndose de 1.150.900 visitas a apenas 894.500.
Este escenario no solo responde a las complejidades macroeconómicas o a que el país se haya vuelto «caro en dólares»; expone, fundamentalmente, la inacción y las falencias en la gestión de la actual autoridad del área. La administración muestra deficiencias estructurales insoslayables, ya que no logró construir ventajas competitivas independientes del valor de la moneda.
País relegado

En forma paralela, especialistas del sector señalan que Argentina es uno de los pocos países del mundo que ha mantenido estancadas sus exportaciones turísticas a lo largo de los últimos años. Bajo el pretexto de la «eficiencia de recursos», la conducción oficial ha desfinanciado campañas clave de promoción internacional, dejando al país relegado frente a competidores regionales como Brasil o Chile, que sí invierten activamente en captar los mercados de larga distancia (Europa y Norteamérica).
Entre otros factores, los analistas mencionan el desmantelamiento del organismo de promoción internacional (Inprotur), la decisión de no asistir a todas las ferias de turismo, restar drásticamente la cantidad de misiones comerciales, eliminar las colaboraciones de difusión con aerolíneas y paralizar cualquier acción de promoción al consumidor final.
Otros afirman que la decisión institucional de unificar Turismo, Ambiente y Deportes bajo una misma órbita ha licuado la capacidad de respuesta específica para el sector. Al tener que mediar agendas disímiles y focos mediáticos tan dispares —como la rebaja presupuestaria en el deporte olímpico o la privatización de servicios turísticos en algunos parques nacionales—, la conducción turística ha perdido el rango de prioridad, transformándose en una oficina reactiva en lugar de un ministerio planificador.
Aunque se celebra el crecimiento del flujo aéreo frente a la debacle del año 2025, la gestión pública no ha avanzado lo suficiente en destrabar las regulaciones de fondo ni en aliviar la fuerte carga impositiva que recae sobre las tasas aeroportuarias y los pasajes internacionales. Por el contrario, en el caso del turismo interno, se incrementaron los costos. Esto provoca que volar dentro de Argentina siga siendo restrictivo en comparación con otros centros turísticos mundiales, limitando la recuperación masiva del turismo receptivo.
La contracción superior al 21% entre septiembre de 2023 y septiembre de 2026 demuestra que el turismo receptivo argentino continúa dañado. La comparación estadística respecto a 2025 es insuficiente y maquilla un escenario evidente: las autoridades han apostado a que el mercado se regule solo, confundiendo la mera inercia de vuelos internacionales con una verdadera política de Estado para atraer divisas.


