Javier Noguera, director de InfoTour Dominicano, analizó en su columna para Tres60.travel el impacto económico de la producción agropecuaria en la hotelería, el potencial del agroturismo y la importancia de integrar a las comunidades productoras en la cadena turística.
La relación entre la agricultura y el turismo representa uno de los encadenamientos económicos más importantes de República Dominicana. Bajo el concepto de «del campo al plato del huésped», la producción agrícola y pecuaria abastece a hoteles y restaurantes, genera oportunidades para las comunidades y contribuye al desarrollo territorial.
En su columna para Tres60.travel, Javier Noguera, director de InfoTour Dominicano, abordó esta vinculación y presentó cifras que permiten dimensionar su impacto. Según los datos que compartió, la hotelería dominicana registra compras estimadas en alrededor de 98.000 millones de pesos al año, equivalentes aproximadamente a entre 1.500 y 1.600 millones de dólares, sin incluir las adquisiciones del sector gastronómico.
De ese volumen, unos 77.600 millones de pesos corresponden a los productores y la industria, mientras que otros 20.400 millones se distribuyen entre las actividades de transporte y comercio. Esta cadena comprende distintas etapas, desde la cosecha y el almacenamiento hasta la logística y la entrega de los productos a los establecimientos turísticos.
Noguera señaló que más del 80% de los alimentos consumidos en hoteles y restaurantes dominicanos podría corresponder a producción local, aunque aclaró que determinados productos específicos deben importarse para responder a las necesidades de algunos establecimientos y propuestas gastronómicas.
También destacó la concentración turística en la región este del país, donde se encuentra el 58% de los visitantes, y su incidencia en la demanda de productos nacionales.
La diversidad agrícola como recurso turístico
La distribución de la producción agropecuaria dominicana ofrece oportunidades para vincular los destinos turísticos con sus economías regionales.
Entre las principales zonas productivas mencionadas por Noguera se encuentran Constanza, Jarabacoa y Manao, en la región norte-central, especializadas en cultivos de clima templado como papa, zanahoria y lechuga.
En la región central, provincias como Azua, Baní y San José de Ocoa se destacan por la producción de tomate, piña y mango. En el nordeste, localidades como Nagua, Cotuí y Samaná tienen presencia en los cultivos de arroz, coco y yautía.
Por su parte, el noroeste, con localidades como Mao, Monte Cristi y Dajabón, concentra una importante producción de banana, sandía y arroz. En el este, la zona de Higüey aporta naranja, ñame y auyama, mientras que el suroeste, particularmente San Juan, Las Matas de Farfán y Comendador, se caracteriza por la producción de cebolla, habichuelas y batata.
Esta diversidad constituye una base para ampliar la oferta turística mediante experiencias que acerquen a los visitantes a los procesos productivos y a las comunidades rurales.
El agroturismo, una oportunidad para diversificar la oferta
Uno de los puntos centrales de la columna fue el potencial del agroturismo como complemento de los destinos tradicionales. Noguera planteó que los hoteles y los actores turísticos pueden desarrollar recorridos por zonas de cultivo y producción, incorporando visitas a fincas, experiencias gastronómicas y actividades vinculadas con productos locales.
República Dominicana ya cuenta con propuestas de este tipo, entre ellas rutas del café y el cacao, recorridos durante la producción de mango y una ruta agroturística diseñada en Constanza, un destino de montaña que también cuenta con infraestructura hotelera.
En este proceso, los clústeres turísticos cumplen un papel relevante en la creación, organización y promoción de estas experiencias, que permiten atraer tanto a visitantes internacionales como al turismo interno.
Las propuestas incluyen recorridos en bicicleta por campos agrícolas y visitas a establecimientos con cultivos tradicionales, orgánicos e hidropónicos. De esta manera, el visitante puede conocer el origen de los alimentos que forman parte de su experiencia gastronómica.
Nuevas demandas y producción sostenible
La evolución de las preferencias de los viajeros también plantea desafíos y oportunidades para la producción local. Noguera señaló que existe una demanda creciente de propuestas vinculadas con prácticas ambientales responsables, alimentos orgánicos y establecimientos que presten atención al impacto de sus cadenas de abastecimiento.
En ese contexto, mencionó la presencia de cultivos especializados y café orgánico producido en el sur dominicano, además de hoteles y restaurantes que incorporan opciones vegetarianas, veganas y productos orgánicos en sus menús.
La diversidad de propuestas gastronómicas permite atender distintos perfiles de visitantes, desde quienes buscan experiencias tradicionales hasta aquellos interesados en alternativas de lujo o alimentación específica.
Una cadena que comienza antes de la llegada del turista
El vínculo entre agricultura y turismo también alcanza a la producción pecuaria. Para dimensionarlo, Noguera utilizó como ejemplo el consumo de huevos en un hotel de 500 habitaciones: si 300 huéspedes desayunan dos huevos cada uno, el establecimiento necesita 600 unidades solamente para ese servicio matutino. A esa demanda se suman los almuerzos, las cenas, los postres y otras preparaciones.
El ejemplo permite observar cómo la actividad turística genera demanda para distintos sectores productivos y cómo sus beneficios pueden extenderse a transportistas, comerciantes, trabajadores rurales y familias proveedoras.
«Del campo al plato del huésped» sintetiza, así, una relación que trasciende el abastecimiento hotelero. Para Noguera, cada alimento que llega a la mesa de un visitante representa también el trabajo de numerosas personas y una contribución a la economía de las comunidades productoras.


