Estimaciones del sector indican que Argentina finalizó el año con un desequilibrio en el turismo internacional comparable al registrado en 2017, marcado por una mayor salida de argentinos al exterior frente al ingreso de turistas extranjeros. Esta dinámica impactó de forma directa en la balanza turística.
El contexto económico, el tipo de cambio y la recuperación de los viajes internacionales impulsaron el turismo emisivo, mientras que el receptivo mostró un crecimiento más moderado. El fenómeno refleja cambios en la competitividad del destino Argentina frente a otros países de la región.

El escenario reabre el debate sobre la necesidad de políticas de estímulo al turismo receptivo, mejoras en conectividad y estrategias que fortalezcan la atracción de visitantes internacionales para equilibrar el flujo de viajeros.


