Clústeres turísticos: una herramienta para el desarrollo integral de los destinos

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Desde Santo Domingo, República Dominicana, Javier Noguera analizó el rol que cumplen los clústeres turísticos en el desarrollo de los destinos y destacó su capacidad para articular a los distintos actores vinculados con la actividad turística.

Un clúster turístico funciona como un espacio asociativo que reúne a los principales actores que participan, de manera directa o indirecta, en el desarrollo de un destino. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes, turoperadores, guías turísticos, empresas de transporte, comercios y proveedores de servicios forman parte de una cadena que busca trabajar sobre objetivos comunes.

Según explicó Noguera, el propósito central no es reemplazar la promoción individual de cada empresa, sino generar una estrategia conjunta para fortalecer el destino. La articulación permite reducir esfuerzos e inversiones y, al mismo tiempo, ofrecer una visión integral de la oferta turística.

Desarrollo colectivo frente a acciones individuales

El especialista señaló que uno de los principales aportes de los clústeres es superar una mirada exclusivamente individual de los negocios para avanzar hacia una estrategia de desarrollo comunitario.

Mientras hoteles, restaurantes, agencias de viajes y prestadores pueden promocionar sus propios servicios, el trabajo conjunto permite posicionar al destino como un producto turístico integral. En ese esquema, los distintos establecimientos y servicios pueden quedar representados en un mismo espacio de información para los potenciales visitantes.

Noguera remarcó además que un clúster no debe confundirse con una entidad gubernamental. Se trata de una organización asociativa integrada por actores vinculados con el sector turístico y orientada al desarrollo global del destino.

La experiencia de República Dominicana

República Dominicana ofrece algunos ejemplos de este modelo. Noguera recordó el surgimiento, alrededor de 2002, de los clústeres turísticos de Puerto Plata y La Romana-Bayahíbe, dos experiencias que, según señaló, lograron consolidarse y avanzar hacia esquemas de autofinanciamiento y generación de proyectos destinados a la promoción de sus respectivos destinos.

La experiencia también muestra que no todos los clústeres evolucionan de la misma manera. A lo largo de aproximadamente 25 años, Noguera observó el nacimiento, debilitamiento y desaparición de algunas iniciativas, en buena medida vinculadas con dificultades para sostener su financiamiento.

En ese sentido, mencionó el rol que tuvo el entonces Consejo Nacional de Competitividad y el apoyo financiero de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). La interrupción de esos fondos afectó a algunos clústeres que dependían de esos recursos para su funcionamiento administrativo y para el desarrollo de proyectos.

Frente a ese escenario, algunos destinos buscaron generar recursos propios a través de actividades como festivales gastronómicos, concursos de fotografía y exposiciones, iniciativas capaces de atraer tanto patrocinadores como público.

Organizaciones sin fines de lucro

Otro aspecto destacado por Noguera es la naturaleza institucional de los clústeres turísticos. Los definió como organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro, cuyo objetivo no es generar ganancias para quienes las administran, sino impulsar el desarrollo turístico del destino.

Su función consiste en reunir a empresas y organizaciones de diferentes dimensiones —desde pequeñas y medianas empresas hasta grandes compañías— que tengan relación con la actividad turística.

El impacto, sostuvo, trasciende a las empresas directamente involucradas. Cuando un destino consigue desarrollar proyectos turísticos exitosos, los beneficios alcanzan a distintos sectores de la comunidad y generan efectos sobre la economía local de manera directa, indirecta e inducida.

Un proyecto de ley bajo debate

Noguera también se refirió al debate institucional que atraviesa actualmente a los clústeres turísticos en República Dominicana.

Según explicó, en el Senado cursa una propuesta legislativa destinada a regular los clústeres turísticos y ecoturísticos. La iniciativa genera distintas posiciones entre los actores del sector.

Algunas voces consideran que no sería necesario establecer una nueva regulación para organizaciones que llevan más de dos décadas funcionando bajo esquemas propios. También se han planteado cuestionamientos respecto del nivel de consulta y consenso alcanzado con los propios clústeres durante la elaboración del proyecto.

Para Noguera, el debate requiere incorporar la mirada de los directivos de estas organizaciones para conocer con mayor precisión las implicancias administrativas y operativas de la eventual normativa.

Articulación público-privada

Más allá de las diferencias institucionales, el especialista destacó el papel de los clústeres como actores dentro de las alianzas entre el sector público, el sector privado y las comunidades.

La articulación entre estos sectores permite desarrollar proyectos que difícilmente podrían concretarse desde una única organización y contribuye a fortalecer la competitividad de los destinos.

Para Noguera, el funcionamiento de un clúster requiere establecer objetivos concretos y trabajar sobre necesidades comunes. Entre los aspectos fundamentales mencionó la identificación de esas necesidades, la definición de prioridades, la promoción de proyectos y la generación de espacios de diálogo entre empresas, autoridades y comunidades.

El desafío, concluyó, consiste en sostener esa articulación en el tiempo y adaptar el modelo a las características particulares de cada destino, entendiendo que no existe una única fórmula de desarrollo turístico aplicable a todos los territorios.