Reuniones, congresos, ferias y viajes de incentivo generaron US$1,8 billones al PIB mundial y sostuvieron 24,2 millones de empleos durante 2025, según un estudio de Oxford Economics para el Events Industry Council.
El turismo de reuniones, incentivos, congresos y exposiciones, conocido como MICE, atraviesa una etapa de fuerte crecimiento y comienza a ocupar un lugar cada vez más estratégico dentro de la economía turística mundial.
De acuerdo con el estudio sobre el impacto económico global de los eventos empresariales elaborado por Oxford Economics para el Events Industry Council, durante 2025 la actividad generó US$1,3 billones en gasto directo y, considerando sus efectos directos, indirectos e inducidos, sostuvo US$3,1 billones en ventas empresariales, US$1,8 billones de aporte al PIB mundial y 24,2 millones de empleos en más de 180 países.
La dimensión del dato permite comprender por qué el MICE comienza a ser considerado mucho más que un segmento complementario del turismo. Si la industria mundial de reuniones y eventos empresariales fuera un país, su contribución al PIB la ubicaría aproximadamente como la 16.ª economía del planeta.
Una industria que moviliza millones de viajeros
Durante 2025, alrededor de 1.650 millones de personas participaron en eventos de negocios en todo el mundo.
El gasto directo promedio alcanzó los US$785 por participante, mientras que las ferias comerciales representaron por sí solas aproximadamente US$180.000 millones.
El crecimiento también se refleja en la recuperación de la actividad después de la pandemia. Durante el último trimestre de 2025, las solicitudes de propuestas para eventos, conocidas como RFP, alcanzaron el 102% de los niveles registrados en 2019, mientras que las noches de hotel asociadas a grupos recuperaron el 97% del volumen previo a la pandemia.
Las perspectivas también son positivas. Oxford Economics prevé que el gasto directo relacionado con los eventos empresariales llegue a US$1,6 billones en 2028.
Para los destinos turísticos, esta evolución representa una oportunidad para atraer viajeros con un nivel de gasto significativo y generar movimiento durante períodos tradicionalmente asociados con una menor demanda.
El verdadero valor está más allá del hotel
Uno de los aspectos centrales del turismo MICE es que su impacto no puede medirse únicamente a partir de las habitaciones ocupadas.
Un congreso permite intercambiar conocimiento; una feria conecta empresas y mercados; una reunión corporativa facilita la toma de decisiones y un viaje de incentivo busca fortalecer los vínculos entre compañías, equipos y clientes.
Para que todo eso ocurra, miles de profesionales necesitan trasladarse, alojarse, utilizar transporte, contratar espacios, consumir gastronomía y recurrir a servicios tecnológicos, audiovisuales, logísticos y creativos.
Por eso, el MICE activa una cadena de valor mucho más amplia que la hotelería.
Hoteles, restaurantes, empresas de transporte, agencias receptivas, centros de convenciones, proveedores tecnológicos, productoras audiovisuales, guías, comercios y numerosas pequeñas y medianas empresas participan directa o indirectamente del movimiento generado por cada evento.
El regreso de los encuentros presenciales
La recuperación del sector también muestra que la actividad empresarial presencial mantiene un valor que las herramientas digitales todavía no logran reemplazar completamente.
Según el estudio, el 70% de los profesionales consultados considera que la construcción de relaciones cara a cara es uno de los resultados más difíciles de reproducir mediante formatos virtuales.
Además, las organizaciones participantes estimaron que perderían, en promedio, el 28% de sus ingresos si dejaran de realizar encuentros presenciales.
Esto demuestra que las reuniones no son solamente una herramienta de comunicación empresarial. También forman parte de los procesos de generación de negocios, creación de alianzas, transferencia de conocimiento y toma de decisiones.
Una oportunidad para los destinos turísticos
El crecimiento del MICE está modificando también la manera en que los destinos compiten internacionalmente.
Un congreso o una feria internacional puede generar actividad durante temporadas de menor demanda turística, mejorar la ocupación hotelera y ampliar el consumo en restaurantes, comercios y servicios.
Pero además puede dejar un impacto de largo plazo.
Un encuentro científico puede posicionar a una ciudad dentro de una red internacional de investigación. Una feria puede facilitar nuevos mercados para productores locales. Una convención empresarial puede generar contactos que posteriormente se transformen en inversiones.
Por eso, el éxito de un evento ya no debería medirse únicamente por la cantidad de asistentes.
También resulta relevante analizar los negocios generados, las inversiones captadas, los contratos iniciados, las alianzas construidas, el conocimiento compartido y la posibilidad de que los visitantes regresen posteriormente como turistas de ocio o recomienden el destino.
América Latina busca darle mayor protagonismo
El crecimiento del turismo MICE también comienza a reflejarse en la agenda turística latinoamericana.
Durante el Congreso COCAL 2026, la denominada Carta de Fortaleza planteó la necesidad de elevar la industria de reuniones a una política de Estado, mejorar los sistemas de información y fortalecer la conectividad aérea regional.
El planteo refleja un cambio de perspectiva: los destinos ya no buscan únicamente atraer turistas tradicionales, sino también competir por congresos, convenciones, ferias y viajes de incentivo capaces de generar actividad económica, internacionalización empresarial y nuevas oportunidades de inversión.
La accesibilidad también aparece como un elemento cada vez más importante dentro de la competitividad de los destinos y de la organización de eventos.
Más que turismo: una herramienta de desarrollo
El turismo MICE representa hoy una intersección entre turismo, negocios, inversión, innovación y conocimiento.
Su capacidad para movilizar viajeros, distribuir gasto entre diferentes sectores económicos y generar actividad durante todo el año lo convierte en una herramienta estratégica para ciudades y países que buscan diversificar su economía turística.
El desafío para los destinos será ahora desarrollar infraestructura adecuada, mejorar la conectividad, profesionalizar los servicios y contar con sistemas capaces de medir todo el impacto generado por los eventos.
Con US$1,8 billones de aporte al PIB mundial y 24,2 millones de empleos sostenidos durante 2025, el turismo MICE dejó de ser un segmento secundario, Su dimensión económica demuestra que se trata de uno de los grandes motores —muchas veces invisibles— de la actividad turística y empresarial mundial.


