Tras varios años de auge, el crecimiento del turismo rural comenzó a desacelerarse y las pernoctaciones apenas aumentaron un 1,2%.
El fuerte crecimiento que experimentó el turismo rural español después de la pandemia comenzó a mostrar señales de agotamiento. Según datos publicados por Hosteltur, las pernoctaciones en alojamientos rurales crecieron apenas un 1,2%, una cifra considerablemente menor a la registrada en temporadas anteriores.
El fenómeno refleja un cambio en el comportamiento del mercado turístico. Durante los años posteriores al Covid-19, los destinos rurales habían vivido un verdadero boom gracias a la búsqueda de espacios abiertos, naturaleza y menor masificación. Sin embargo, el contexto actual muestra un escenario más competitivo y una demanda más moderada.
Especialistas del sector señalaron que el desafío ahora pasa por evitar la estacionalidad y renovar la propuesta turística. Entre las principales estrategias aparecen la digitalización, la profesionalización de la oferta y el desarrollo de experiencias vinculadas al territorio, como gastronomía local, enoturismo, actividades culturales y turismo activo.
El informe remarca además la necesidad de una mayor coordinación público-privada para sostener la competitividad de pequeños destinos rurales frente al crecimiento de las grandes ciudades y del turismo internacional tradicional.
En algunas regiones, el turismo rural continúa mostrando buenos niveles de ocupación, especialmente en áreas con fuerte identidad cultural o cercanía a grandes centros urbanos. Sin embargo, otras zonas comenzaron a registrar dificultades para sostener la demanda fuera de temporadas altas y fines de semana largos.
Otro elemento que influye en la desaceleración es el aumento de costos operativos. Muchos establecimientos rurales enfrentan incrementos en energía, mantenimiento y servicios, mientras intentan mantener tarifas competitivas para no perder visitantes.
A pesar de la desaceleración, el turismo rural sigue siendo considerado un segmento estratégico para combatir la despoblación y generar empleo en pequeñas localidades. Comunidades como Castilla y León, Asturias y Galicia continúan apostando al desarrollo turístico como herramienta económica regional.
El sector considera que el próximo gran desafío será transformar el interés ocasional por la ruralidad en una demanda sostenida durante todo el año, con productos más innovadores y experiencias diferenciadas que permitan fidelizar viajeros.


