Desde Lima, Jorge Alvarado compartió una radiografía actual del turismo peruano y explicó por qué los FamTrips y la experiencia en territorio siguen siendo claves para posicionar destinos de forma auténtica y efectiva. En plena temporada de verano, Perú vive un momento de alto movimiento turístico, impulsado por la costa, la gastronomía y una creciente diversificación de experiencias.
El calor marca el ritmo de la temporada y la costa peruana concentra gran parte de la demanda, desde Tumbes hasta Tacna. Destinos como Ica, Nazca, Paracas, Trujillo, Piura y Chiclayo registran una fuerte llegada de visitantes, especialmente durante los fines de semana, mientras que Lima Norte comienza a consolidarse como una alternativa atractiva para el turismo nacional.
Uno de los grandes diferenciales del país es su gastronomía, que acompaña de manera natural la experiencia turística. Alvarado destacó la enorme variedad de ceviches regionales, con sabores, ajíes y aromas propios según cada destino, que se disfrutan muchas veces a pocos pasos del mar. Si bien Lima ofrece cocina de todo el país, la experiencia gastronómica alcanza su máxima expresión cuando se vive en el lugar de origen, como en Trujillo, Chiclayo, Piura o Tumbes.
En el sur, las playas de Arequipa y Tacna se posicionan más como escenarios para deportes de aventura y surf internacional, con accesos más complejos y una propuesta menos masiva, mientras que Lima se distingue por una particular ventaja urbana: la posibilidad de bajar a la playa en pocos minutos desde Miraflores, disfrutar del sol y regresar luego a la rutina diaria.
El turismo en Perú también se nutre de lo anecdótico y lo cotidiano, elementos que sorprenden especialmente al visitante internacional. Escenas urbanas únicas, contrastes culturales y situaciones espontáneas forman parte del encanto del país, reforzando la idea de que en Perú siempre hay algo para descubrir.
En cuanto a las tendencias del viajero internacional, la temporada de verano prioriza playas, sitios arqueológicos y turismo de aventura, aunque destinos como Cusco y Machu Picchu continúan recibiendo visitantes pese a las condiciones climáticas. La especialización en deportes de aventura y el avance en normativas específicas reflejan una apuesta clara por profesionalizar el sector.
Lima, como puerta de entrada al país, concentra al visitante en Miraflores y Barranco, zonas que combinan playas, atardeceres, vida cultural y una amplia oferta gastronómica. Desde allí, el turista se desplaza al Centro Histórico, al Circuito Mágico del Agua, museos y espacios patrimoniales como las Catacumbas de San Francisco, enriqueciendo su experiencia urbana.
Alvarado también destacó el impulso de circuitos de corta duración hacia el norte de Lima, con destinos como Ancón, Barranca, Puerto Supe, Huacho y Caral, sumando atractivos culturales como el primer cementerio japonés del Perú, ubicado en Supe, que comienza a incorporarse a los recorridos turísticos.
La conectividad aérea acompaña este crecimiento, con nuevas rutas y frecuencias que fortalecen el vínculo de Perú con Europa, Sudamérica y el Caribe, además de una agenda cargada de eventos profesionales como Fit Perú, Perú Travel Mart y la participación en ferias internacionales, claves para seguir posicionando el destino.
Con una oferta diversa, experiencias auténticas y una identidad cultural vibrante, Perú apuesta a que quienes lo visiten no solo lo conozcan, sino que lo vivan. Porque, como bien resumió Jorge Alvarado, Perú no es aburrido y siempre tiene algo nuevo para mostrar.


