La vendimia comenzó en la Denominación de Origen Sierra de Salamanca, en una añada marcada por un clima extremo: un invierno y una primavera especialmente fríos, seguidos de un verano seco y caluroso.
La campaña se inició en Garcibuey con la recolección de la uva rufete y, en los próximos días, se irá extendiendo a las 17 bodegas de la denominación.
El ciclo vegetativo comenzó más tarde de lo habitual, debido a que las temperaturas medias de los primeros cinco meses del año fueron muy bajas. Sin embargo, el calor de junio, julio y agosto permitió recuperar el ritmo normal de maduración.
Las viñas llegan al inicio de la cosecha en buen estado sanitario, con apenas algunos focos de mildiu en zonas concretas. Además, la Sierra de Salamanca ha evitado los daños que sí afectaron a otras áreas de Castilla y León, como heladas, granizadas e incendios.
Aunque se esperan rendimientos algo menores debido a la sequía prolongada desde mediados de julio, la calidad de la uva es excelente, con alta concentración frutal y buena acidez. Esta resistencia se atribuye, en gran parte, a que más del 80% de los viñedos de la DOP tienen más de 60 años, con raíces profundas capaces de soportar mejor la falta de agua y el calor.
“Nos preocupaban estos días de calor intenso y las altas temperaturas nocturnas, pero las cepas han resistido bien y esperamos una vendimia de gran calidad”, comenta Miquel Udina, director técnico de la denominación.
Como es tradición en la DOP Sierra de Salamanca, la vendimia será escalonada, adaptándose a la diversidad de altitudes (entre 400 y 1.000 metros), orientaciones y tipos de suelo. Este ritmo permite recoger en su punto óptimo variedades autóctonas como la rufete y la rufete serrano blanco, junto a otras tradicionales como el tinto aragonés (tempranillo) y el calabrés (garnacha).