La moderación en la llegada de cruceros al Gran Santo Domingo comenzó a generar impactos visibles en la actividad turística local, especialmente en el comercio, la gastronomía y los servicios asociados al turismo urbano.
La reducción del número de pasajeros representa un desafío para un destino que ha apostado fuertemente por el turismo marítimo como dinamizador económico.

Autoridades y operadores del sector analizan alternativas para compensar la caída, entre ellas la diversificación de mercados emisores y el fortalecimiento de la oferta cultural y experiencial de la ciudad. La situación también reabre el debate sobre la dependencia del turismo de cruceros y la necesidad de desarrollar productos turísticos más equilibrados y sostenibles.
El contexto plantea la importancia de una planificación turística integral que permita mitigar los efectos de la variabilidad en los flujos marítimos y fortalecer la resiliencia del destino.


