El grupo aéreo Lufthansa anunció la cancelación de 20.000 vuelos de corta distancia hasta octubre, en una decisión orientada a reducir el consumo de combustible ante su fuerte encarecimiento tras el conflicto en Irán.
La medida impacta principalmente en rutas europeas y representa cerca del 1% de la capacidad operativa prevista para el verano. Con este ajuste, la compañía estima ahorrar unas 40.000 toneladas de queroseno, cuyo precio se duplicó desde el inicio de la crisis a fines de febrero.
Gran parte de los vuelos afectados pertenecen a Lufthansa CityLine, que redujo significativamente su actividad. Según la aerolínea, se trata de trayectos de baja rentabilidad, especialmente conexiones entre los hubs de Aeropuerto de Frankfurt y Aeropuerto de Múnich.
El grupo, que también integra a Austrian Airlines, Swiss International Air Lines, Brussels Airlines, Eurowings y ITA Airways, buscará reorganizar su red aérea potenciando operaciones desde ciudades como Zúrich, Viena y Bruselas.
A pesar del contexto, la compañía aseguró que el suministro de combustible está garantizado para las próximas semanas, lo que permitirá sostener la operativa prevista durante la temporada alta.
En el corto plazo, ya se han concretado ajustes: hasta fines de mayo se cancelarán 120 vuelos, incluyendo conexiones desde Frankfurt hacia destinos como Bydgoszcz, Rzeszów y Stavanger. Algunas rutas serán reubicadas y operadas desde otros aeropuertos del grupo.
Además, Lufthansa adelantó que revisará su planificación a mediano plazo y brindará nuevas definiciones sobre su red de vuelos entre finales de abril y principios de mayo.
Con este escenario, la aerolínea se suma a una tendencia global: ajustar capacidad y optimizar rutas para sostener la rentabilidad en un contexto internacional marcado por la volatilidad energética.


