Por Mary de Aquino
El estado buscó combinar conectividad aérea, fiestas tradicionales y segmentos como el enoturismo para extender los viajes y distribuir el flujo de visitantes por distintas regiones de Pernambuco.
Pernambuco trabajó en una estrategia orientada a prolongar la estadía de los turistas mediante una combinación de conectividad aérea internacional, un calendario de eventos y una oferta turística que fue más allá del litoral. La propuesta integró desde el Carnaval y las fiestas de São João hasta el enoturismo en el Valle del São Francisco, con el objetivo de incentivar recorridos por distintas regiones del estado durante un mismo viaje.
Según Danielly Aguiar, gerente de Marketing de la Empresa de Turismo de Pernambuco (Empetur), el estado buscó consolidarse como una de las principales puertas de entrada de turistas internacionales al Nordeste de Brasil y, al mismo tiempo, aumentar la circulación de esos visitantes dentro de su territorio.

La conectividad aérea fue uno de los pilares de esta estrategia. Pernambuco contó con vuelos internacionales directos hacia mercados sudamericanos como Buenos Aires, Santiago y Montevideo. Para Empetur, estas rutas permitieron estructurar itinerarios más extensos que combinaran playas, cultura, artesanías, turismo rural, gastronomía y enoturismo.
“Queremos que el turista pase 15 días en Pernambuco”, señaló Aguiar, al referirse al objetivo de incrementar la permanencia de los visitantes.
Un calendario de eventos durante todo el año
La estrategia también se apoyó en una agenda de acontecimientos distribuida durante diferentes períodos del año. El Carnaval ocupó uno de los principales lugares, aunque la actividad cultural vinculada a esta celebración comenzó varios meses antes. En Recife y Olinda, los ensayos de blocos y maracatus comenzaron en septiembre.
Luego del Carnaval, la Semana Santa llevó parte del movimiento turístico hacia el Agreste. En Brejo da Madre de Deus, la representación de la Pasión de Cristo en Nova Jerusalém se desarrolló durante aproximadamente diez días y movilizó la oferta de alojamiento y los servicios turísticos de la región. Recife también funcionó como base para visitantes que realizaron el recorrido hasta el espectáculo.
São João constituyó otro de los períodos de mayor movimiento. La programación de las fiestas juninas estuvo vinculada a géneros como el forró, el xaxado y el baião, además de expresiones más recientes como el piseiro.
La agenda también puso en valor la relación de Pernambuco con Luiz Gonzaga, nacido en Exu, en el Sertão, y con una nueva generación de artistas, entre ellos João Gomes. Aguiar mencionó además el proyecto “São João Gomes”, presentado por el cantante, como una iniciativa relacionada con las tradiciones juninas y las raíces musicales del Nordeste brasileño.
Después de São João, el calendario incluyó el Festival Pernambuco Meu País, con actividades en diferentes municipios. La programación reunió música, manifestaciones culturales y propuestas vinculadas a las artes escénicas, y buscó incentivar los viajes fuera de los períodos de mayor concentración turística.
A finales de año, las celebraciones de Réveillon volvieron a concentrar visitantes en el litoral y en la Región Metropolitana de Recife. De acuerdo con Aguiar, la programación de la capital combinó actividades gratuitas y propuestas con entradas pagadas, con eventos que se extendieron durante varios días.
El enoturismo ganó espacio en el Sertão
Más allá de los grandes eventos, Pernambuco también impulsó segmentos capaces de generar movimiento turístico durante diferentes meses del año. Entre ellos se destacó el enoturismo en el Valle del São Francisco.
Petrolina funcionó como una de las principales puertas de entrada a la región, apoyada en su infraestructura turística y aeroportuaria. Según Empetur, el circuito reunió cerca de 20 bodegas, distribuidas también en municipios como Lagoa Grande y Santa Maria da Boa Vista.
Los recorridos incluyeron las diferentes etapas del cultivo de la uva y del proceso de elaboración del vino. Una de las particularidades de la región fue la posibilidad de realizar cosechas en distintos períodos del año, favorecida por las condiciones climáticas y los sistemas de irrigación asociados al río São Francisco.
A diferencia de las regiones vitivinícolas con estaciones más marcadas, en el Sertão de Pernambuco las temperaturas suelen ubicarse entre los 30 y 35 grados Celsius. La irrigación y las técnicas agrícolas permiten mantener ciclos productivos durante todo el año, una característica que también amplió las posibilidades para el turismo.
La gastronomía complementó esta propuesta. En Petrolina, el Bodódromo concentró restaurantes especializados en platos elaborados con carne de cabra y cordero, productos tradicionalmente vinculados con la cocina del Sertão.
La combinación de viñedos, producción agrícola y gastronomía permitió ampliar los itinerarios turísticos en el Valle del São Francisco y sumar nuevas experiencias a la oferta tradicional de Pernambuco.
Otro atractivo mencionado fue Petrolândia, también en el Sertão. Parte de la antigua ciudad quedó bajo el agua durante la construcción de la Central Hidroeléctrica de Itaparica. Entre las estructuras que permanecieron se encuentra la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, cuya parte superior continúa visible sobre el agua.
El sitio forma parte de recorridos en embarcación y atrae visitantes interesados en el paisaje generado después de la inundación. El acceso y el baño en las zonas próximas a la estructura cuentan con restricciones por razones de seguridad y preservación.
La ampliación de estos productos respondió al objetivo de reducir la concentración de los viajes en las playas y en determinados períodos del calendario. Para Pernambuco, incrementar la estadía promedio también significó distribuir el gasto turístico en alojamiento, gastronomía, transporte y servicios entre un mayor número de municipios.
La estrategia fue presentada durante la 53ª ABAV Expo, realizada del 30 de septiembre al 2 de octubre en el Expo Center Norte, en São Paulo. Pernambuco participó de la feria en la antesala de su designación como destino anfitrión de la ABAV Expo 2026, lo que posicionó al estado como protagonista de las acciones de promoción y articulación con la industria turística de cara a la próxima edición.
El desafío planteado por Pernambuco fue convertir la llegada de turistas en estadías más prolongadas y en una mayor circulación hacia destinos ubicados fuera de los circuitos tradicionales. En ese escenario, el turismo cultural, rural, gastronómico y enológico ocupó un lugar cada vez más relevante dentro de la estrategia para ampliar el impacto de la actividad turística en la economía del estado.


