Turismo comunitario: nuevas modalidades de alojamiento desde Colombia y el Lago Titicaca

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En una nueva entrega de la columna de Tulio Pizarro para Tres60.travel, la conversación se trasladó a Bogotá, donde se desarrolló el quinto Congreso Glamping bajo la organización de Cotelco Bogotá–Cundinamarca y el apoyo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia junto a FONTUR. Allí, en un espacio dedicado a las nuevas tendencias de alojamiento, emergió una voz que refleja la esencia del turismo comunitario en Sudamérica: Cristina Suaña, presidenta de la Asociación de Turismo Vivencial Uros Cantati, del Perú.

Suaña, oriunda de las famosas islas flotantes de los Uros en el lago Titicaca —el más alto y navegable del mundo—, compartió una experiencia que combina tradición ancestral, modelo de desarrollo familiar y una visión de futuro sostenible. Su emprendimiento, Uros Cantati (que en aimara significa “amanecer”), nació hace 18 años a partir de la idea de construir una pequeña casa para recibir visitantes. Con el tiempo, esa iniciativa evolucionó a un complejo de habitaciones rústicas hechas 100% de totora, la planta emblemática del Titicaca, preservando la autenticidad de la vida en las islas.

Los viajeros que pernoctan en Uros Cantati viven una experiencia inmersiva: dormir sobre una isla en movimiento, participar de la pesca artesanal, aprender sobre la extracción y usos de la totora —que sirve para construir casas, embarcaciones y artesanías— y compartir actividades culturales como canto, baile y elaboración de artesanías. “Al turista lo recibimos como un miembro más de la familia”, explicó Suaña, destacando que gran parte de los visitantes llegan en búsqueda de vivencias genuinas y contacto directo con las comunidades.

El turismo comunitario, asegura, ha crecido enormemente en los últimos años. Hoy, alrededor de 60 familias de los Uros están activamente involucradas en este tipo de experiencias, acompañadas por programas estatales que fortalecen la capacitación, la estandarización de servicios, la sostenibilidad y la seguridad turística. Para Cristina, este proceso ha sido “una escuela de vida”, impulsado por la reinversión constante de los ingresos de los viajeros y la participación activa de las nuevas generaciones, incluyendo a sus propios hijos ya formados en carreras de turismo.

La propuesta también seduce a parejas jóvenes y matrimonios que buscan escapadas románticas y experiencias únicas. Entre pedidos de mano, celebraciones de cumpleaños y noches de luna de miel, las habitaciones flotantes decoradas con flores y artesanías locales se han convertido en escenario de momentos inolvidables. “La mayoría de las parejas que llegan viven su viaje como algo mágico”, aseguró.

Para Tulio Pizarro, el encuentro fue una oportunidad para acercar a la audiencia argentina la riqueza del turismo vivencial que se está consolidando tanto en Colombia como en Perú. El columnista subrayó la importancia de estas modalidades de alojamiento que ponen en valor la identidad cultural, fomentan el arraigo juvenil y ofrecen alternativas sostenibles en un contexto donde el viajero busca experiencias transformadoras más allá del turismo tradicional.

Cristina, con emoción y orgullo, extendió su invitación final: “Todos tienen una casa en las islas flotantes. Los esperamos con los brazos abiertos para vivir la cultura viva del lago Titicaca”.