Las políticas migratorias de Estados Unidos vuelven a endurecerse. A partir del 1 de enero, el gobierno estadounidense amplió de manera significativa la nómina de países cuyos ciudadanos enfrentan severas restricciones para ingresar al país, tanto con visas de inmigrante como de no inmigrante.
A los Estados que ya tenían prohibiciones vigentes se suman ahora diecinueve países adicionales, entre ellos Venezuela, Cuba, Dominica y Antigua y Barbuda en América, además de naciones africanas con poblaciones numerosas como Nigeria, Angola, Senegal y Tanzania. Ningún país europeo figura en la nueva lista.

Las limitaciones afectan casi todas las categorías de visa, incluidas las de turismo, estudio, trabajo y reunificación familiar. Solo quedan exceptuados algunos casos puntuales, como personas con doble nacionalidad, diplomáticos y atletas que participen en competencias internacionales de gran escala.
La medida también podría impactar en eventos deportivos globales, ya que aficionados de países potencialmente clasificados a torneos internacionales no tendrían acceso al territorio estadounidense. El endurecimiento contrasta con la continuidad de relaciones abiertas con países como Pakistán o Bangladesh, pese a la presencia de grupos radicalizados en sus sociedades.


