Con clima cálido todo el año, espíritu portuario y una identidad marcada por el mestizaje cultural, Guayaquil se consolida como uno de los destinos urbanos más atractivos de Ecuador. Aunque muchos viajeros llegan como escala hacia las Islas Galápagos, la ciudad demuestra que merece ser destino en sí mismo, especialmente por un rasgo que conquista sin esfuerzo: su gastronomía auténtica y vibrante.
Históricamente conectada al mundo por la exportación de cacao, banano, camarón, atún y frutas tropicales, la ciudad desarrolló una cocina profundamente ligada al producto y al territorio. Ese legado hoy se reinventa gracias a una nueva generación de chefs que reinterpretan recetas tradicionales con técnicas contemporáneas, posicionando al destino como un nuevo polo culinario del Pacífico latinoamericano. Esta evolución quedó en evidencia durante su participación en Madrid Fusión, donde la propuesta guayaquileña despertó gran interés internacional.
Entre los sabores imprescindibles sobresale el encebollado, sopa de pescado considerada emblema nacional y reconocida mundialmente por su potencia y carácter. También destaca el bolón de verde, desayuno icónico que incluso fue viral en una competencia internacional impulsada por el creador digital Ibai Llanos. La tradición culinaria se completa con productos estrella como el cacao —orgullo histórico del país— promovido por especialistas como la chocolatier Nathalie Areco, y el café ecuatoriano, valorado por su calidad y diversidad de orígenes.
El movimiento gastronómico actual también tiene protagonistas como el chef Santiago Nieto, representante de una escena culinaria que dialoga con tendencias globales sin perder identidad local. Este enfoque contemporáneo, basado en productores regionales y memoria culinaria, impulsa a la ciudad a ganar reconocimiento dentro del mapa gastronómico americano.
Más allá de la mesa, Guayaquil invita a descubrir su esencia caminando. El icónico malecón, el histórico Cerro Santa Ana, la catedral, plazas tradicionales y el singular Parque Seminario, famoso por sus iguanas, forman parte de un recorrido urbano lleno de carácter. Muy cerca, el ecosistema del Estero Salado añade naturaleza y biodiversidad a la experiencia.
Con su mezcla de sabores intensos, historia portuaria y energía tropical, la llamada Perla del Pacífico demuestra que no solo es una puerta de entrada a otros destinos, sino un lugar capaz de enamorar por sí mismo y dejar en el viajero un deseo inevitable de regresar.


