Destinos inteligentes: la experiencia ciudadana gana protagonismo en la innovación turística

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La transformación de los destinos ya no puede pensarse únicamente desde la mirada del visitante. Un nuevo enfoque propone integrar la experiencia de quienes viven en los territorios con la de quienes los visitan.

Durante los últimos años, el concepto de Destino Turístico Inteligente se consolidó como uno de los principales ejes de transformación del sector. Tecnología, conectividad, datos, sostenibilidad, accesibilidad e innovación comenzaron a formar parte de las estrategias de gobiernos y empresas para mejorar la competitividad y la experiencia turística.

Pero ante los cambios urbanos, tecnológicos y sociales que atraviesan a los destinos aparece una pregunta cada vez más relevante: ¿para quién innovan los destinos turísticos?

Tradicionalmente, buena parte de las iniciativas estuvieron orientadas a mejorar el recorrido del visitante: facilitar su llegada, optimizar sus desplazamientos, ofrecer información personalizada, digitalizar servicios y mejorar la comercialización de la oferta.

Sin embargo, un destino turístico es también un territorio habitado. Allí viven personas, funcionan comercios y empresas, se desarrollan actividades culturales, educativas y productivas y se construye una identidad local.

Por eso, la innovación turística comienza a ampliar su mirada hacia un concepto que integra ambas dimensiones: la experiencia ciudadana-turística.

Un destino inteligente también debe funcionar para quienes viven allí

La pregunta plantea nuevos desafíos para los destinos: ¿puede considerarse inteligente una ciudad que ofrece servicios digitales avanzados a sus visitantes, pero presenta dificultades de movilidad para sus residentes? ¿Puede hablarse de sostenibilidad cuando el crecimiento turístico genera conflictos sobre determinados espacios? ¿Qué valor tienen los datos si no consiguen convertirse en mejores decisiones?

Visitantes y residentes comparten buena parte de la infraestructura del territorio: calles, transporte, espacios públicos, servicios, comercios, atractivos culturales y propuestas recreativas.

Por eso, la experiencia turística y la experiencia ciudadana no pueden analizarse como fenómenos completamente separados.

Una mejora en el sistema de movilidad beneficia al residente y también facilita el desplazamiento del visitante. Un espacio público de calidad genera bienestar para la comunidad y, al mismo tiempo, fortalece la experiencia turística. Una agenda cultural sólida contribuye a la identidad local y amplía la propuesta para quienes llegan al destino.

La innovación puede generar así valor urbano, social y turístico a partir de una misma intervención.

Del Destino Turístico Inteligente a los territorios inteligentes

Esta evolución también plantea la necesidad de ampliar la manera en que se entiende un destino.

Durante décadas, las políticas turísticas estuvieron centradas principalmente en promocionar territorios y atraer visitantes. Luego, el paradigma de los Destinos Turísticos Inteligentes incorporó conceptos como digitalización, datos, sostenibilidad, accesibilidad, innovación y gobernanza.

El siguiente paso podría ser la construcción de ecosistemas urbano-turísticos inteligentes, donde residentes, visitantes, gobiernos, empresas, emprendedores, universidades, instituciones culturales y organizaciones sociales formen parte de un mismo sistema.

Desde esta perspectiva, la innovación no depende únicamente de incorporar una nueva tecnología. También surge de la capacidad de conectar actores, identificar problemas y transformar información en decisiones.

El desafío pasa entonces por diseñar territorios que funcionen mejor para quienes los habitan, los visitan, los producen y los gestionan.

La innovación urbana también puede transformar el turismo

La innovación turística no necesariamente tiene que surgir dentro del propio sector.

Urbanismo, movilidad, economía digital, participación ciudadana, gestión de datos, servicios públicos, economía creativa y soluciones GovTech pueden convertirse en herramientas para transformar la experiencia de un destino.

En este escenario aparecen cinco dimensiones especialmente relevantes:

  • Experiencia territorial: comprender cómo residentes y visitantes utilizan y perciben el territorio.
  • Servicios urbanos: trabajar sobre movilidad, accesibilidad, conectividad, información, seguridad y espacios públicos.
  • Gobernanza: fortalecer la cooperación entre gobiernos, empresas, universidades y ciudadanía.
  • Datos: utilizar información sobre flujos, comportamientos y demandas para mejorar la toma de decisiones.
  • Identidad territorial: potenciar los atributos diferenciales de cada destino y evitar la estandarización de las experiencias.

El turismo puede convertirse así en un laboratorio para la innovación territorial.

¿Qué valor genera el turismo para la comunidad?

Uno de los principales desafíos para los destinos será encontrar un equilibrio entre competitividad turística, sostenibilidad y calidad de vida.

La actividad turística puede generar empleo, movimiento económico, nuevas oportunidades comerciales y mayor visibilidad para una ciudad. Pero también puede generar tensiones cuando el crecimiento no está acompañado por planificación.

Por eso, además de medir la satisfacción de los visitantes, los destinos deberían comenzar a prestar mayor atención a la percepción de quienes viven en ellos.

¿Qué beneficios identifica la comunidad? ¿Qué conflictos genera la actividad? ¿Qué transformaciones considera necesarias?

Un destino inteligente debería ser capaz de escuchar ambas experiencias.

Urbania Lab propone poner al territorio en el centro

En esta línea trabaja Urbania Lab, con una propuesta que plantea abordar la innovación urbana aplicada al turismo desde el conocimiento del territorio.

Su enfoque integra diagnóstico territorial, inteligencia urbana, transformación digital, gobernanza, diseño de experiencias y planificación estratégica, con el objetivo de acompañar a gobiernos y organizaciones en la identificación de problemas y oportunidades.

El proceso parte del diagnóstico de capacidades y brechas, continúa con la participación de los distintos actores del ecosistema y el análisis de experiencias, flujos y oportunidades, para luego priorizar desafíos, diseñar soluciones, implementar procesos de transformación y medir resultados.

La propuesta parte de una premisa: no existen modelos idénticos que puedan aplicarse de la misma manera a todos los destinos. Cada territorio tiene una escala, una identidad, capacidades y problemáticas particulares.

Destinos inteligentes para vivir y visitar

El futuro de los Destinos Inteligentes no dependerá solamente de cuánta tecnología puedan incorporar, sino de su capacidad para comprender a las personas, conectar actores y convertir la información en mejores experiencias territoriales.

La próxima generación de destinos inteligentes podría estar marcada por una mirada más amplia: territorios pensados no solamente para recibir visitantes, sino también para mejorar la calidad de vida de quienes los habitan.

En definitiva, el desafío será dejar de preguntarse únicamente cómo atraer más turistas y comenzar a pensar también cómo generar mayor valor para todas las personas que forman parte del territorio.