Arquitectura y paisaje: cómo hoteles y bodegas integran el entorno a la experiencia turística

Compartir:

Desde la selva misionera y los viñedos patagónicos hasta los jardines urbanos y las costas brasileñas, distintos establecimientos incorporan materiales, vistas y espacios naturales a su propuesta, junto con prácticas de gestión orientadas al cuidado de los recursos.

La arquitectura y el paisaje mantienen una relación cada vez más visible en la experiencia turística. La elección de materiales, la distribución de los espacios, las vistas y la integración de la vegetación permiten que hoteles y bodegas incorporen características del territorio a sus propuestas. A su vez, las prácticas de gestión ambiental suman acciones vinculadas con el uso responsable del agua y la energía y la conservación de la biodiversidad.

Desde distintos destinos de América Latina, varios establecimientos muestran cómo el diseño y la operación pueden contribuir a construir una experiencia conectada con el entorno.

La naturaleza como parte de la arquitectura

En Puerto Iguazú, Loi Suites Iguazú incorpora la vegetación subtropical de la reserva Iryapú a la organización de sus espacios. Sus puentes colgantes atraviesan la selva y conectan distintos sectores del hotel, mientras que las piscinas escalonadas, rodeadas de árboles centenarios, y las habitaciones con vistas a la vegetación mantienen el contacto con el paisaje durante la estadía.

La propuesta se complementa con iniciativas de eficiencia hídrica y energética, reducción de plásticos y plantación de especies nativas.

En Buenos Aires, Loi Suites Recoleta propone otra manera de integrar la naturaleza a la arquitectura urbana. Su Jardín de Invierno, de más de 400 metros cuadrados, reúne palmeras naturales, mármol, mimbre y un techo vidriado que permite el ingreso de luz natural. El espacio funciona como uno de los ambientes centrales del hotel y establece un contraste con el ritmo de la ciudad.

El establecimiento cuenta con la Certificación Bronce de Hoteles Más Verdes y desarrolla acciones para reducir el consumo de agua y energía y la generación de residuos, además de iniciativas vinculadas con la identidad cultural del barrio.

“Entendemos la sustentabilidad como una forma de gestionar el hotel todos los días, tomando decisiones más responsables con los recursos, con quienes trabajan junto a nosotros y con el barrio del que formamos parte. Nuestro desafío es que ese compromiso también pueda integrarse naturalmente a la experiencia de quienes nos eligen”, señala Gabriela Giancristofaro, gerente general de Loi Suites Recoleta.

En Mendoza, Amérian Mendoza vincula su propuesta con la identidad urbana y gastronómica de la provincia, a través de espacios abiertos al paisaje y una oferta que incorpora sabores y vinos regionales. En materia ambiental, utiliza un sistema de limpieza con agua ozonizada generada in situ, una alternativa orientada a reducir el uso de productos químicos y envases plásticos en sus operaciones.

Materiales, vistas y agua como identidad del destino

En Ushuaia, Los Cauquenes Resort + Spa + Experiences toma como referencia el paisaje del Canal Beagle y las montañas fueguinas. La madera de lenga y la piedra local forman parte de su arquitectura, mientras que los espacios y sus vistas permiten incorporar el entorno natural a la experiencia de alojamiento.

El vínculo con el territorio también se refleja en su gestión. El establecimiento cuenta con la Certificación Plata de Hoteles Más Verdes, que contempla medidas de eficiencia energética, conservación de la biodiversidad y desarrollo local. Actualmente, el 73% de sus proveedores pertenece a la región, un indicador de su integración con la economía local.

En Uruguay, Altos del Arapey Club de Golf & Hotel Termal desarrolla una propuesta arquitectónica vinculada con el paisaje de las Termas del Arapey. Los ambientes amplios y luminosos, los jardines, las vistas panorámicas y las piscinas termales conectan los espacios interiores con el exterior.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El agua ocupa un lugar central en la identidad del establecimiento y en las actividades de sus visitantes. La distribución de los espacios y las áreas al aire libre acompañan una propuesta turística organizada alrededor del descanso y el aprovechamiento de las características naturales del destino.

La conservación como parte de la experiencia

En la costa de Bahía, Brasil, Tivoli Ecoresort Praia do Forte extiende su relación con el paisaje hacia la conservación del territorio que lo rodea. Ubicado en un área de preservación ambiental, el resort integra su arquitectura con el ecosistema de la Mata Atlántica.

Según su Informe de Sostenibilidad 2025, más del 70% de su superficie está destinado a la conservación. Entre las medidas implementadas se encuentra la reducción de la iluminación nocturna para respetar los ciclos de la fauna. También desarrolla experiencias vinculadas con proyectos de protección de tortugas marinas y ballenas.

Desde 2023, el establecimiento utiliza energía renovable de origen eólico para cubrir sus necesidades operativas, incorporando la gestión energética a su estrategia ambiental.

En este caso, la relación entre arquitectura y paisaje no se limita a las vistas o los espacios naturales que forman parte de la estadía, sino que también contempla la preservación de los ecosistemas que caracterizan al destino.

Viñedos y producción: el paisaje como parte del enoturismo

En las bodegas, el vínculo con el entorno adquiere otra dimensión: el paisaje no solo forma parte de la experiencia del visitante, sino que también constituye el espacio donde se desarrolla la producción.

En San Patricio del Chañar, Neuquén, Bodega Malma desarrolla su actividad en un territorio marcado por los vientos patagónicos, la amplitud térmica y las escasas precipitaciones. Sus 127 hectáreas de viñedos forman parte de un entorno productivo en el que el manejo del agua y el cuidado del suelo resultan fundamentales.

Para optimizar el uso del recurso hídrico, la bodega cuenta con un sistema de riego por goteo automatizado, que permite adaptar el suministro de agua a las necesidades de los viñedos y a las condiciones naturales de la región.

En el enoturismo, estas características también forman parte de lo que conoce el visitante: el paisaje, las condiciones de producción y las decisiones que permiten sostener la actividad vitivinícola.

Arquitectura y gestión, dos dimensiones de una misma experiencia

Los ejemplos muestran distintas maneras de incorporar el territorio a la propuesta turística. La vegetación que atraviesa los espacios, los jardines interiores, los materiales regionales, las vistas hacia el agua y los viñedos forman parte de una arquitectura que busca establecer una conexión con el destino.

A esa dimensión se suma la gestión de los establecimientos, con medidas orientadas a reducir el impacto de las operaciones y preservar los recursos naturales.

Así, la relación entre arquitectura y paisaje trasciende el diseño de los espacios: también involucra las decisiones que permiten conservar el entorno y mantener su valor como parte de la experiencia turística.