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Por: Paola Fernández Chamaca

Periodista/Directora de Comunicaciones de la Asociación de Periodistas de Turismo de Chile

El turismo transmite relatos e historias. Y esa idea se vuelve especialmente evidente cuando observamos fenómenos culturales masivos como los conciertos de grandes artistas. El caso de Bad Bunny es un ejemplo perfecto de cómo una narrativa potente puede transformar un evento musical en un motor turístico y económico.

El relato es la forma en que interpretamos el mundo. En turismo, no viajamos solo por paisajes o infraestructura; viajamos por historias. Queremos sentir que formamos parte de algo: una cultura, una experiencia, una identidad. El viajero busca significado, no solo desplazamiento. Por eso los destinos compiten cada vez menos por “atractivos” y cada vez más por “imaginarios”.

Aquí aparece la fuerza del storytelling cultural. Bad Bunny no es únicamente un cantante: es un símbolo de identidad latina, caribeña y urbana. Su narrativa mezcla música, política, orgullo cultural y espectáculo global. Cuando alguien decide viajar para ver su show, no está comprando solo una entrada; está comprando la experiencia de pertenecer a ese relato colectivo.

Además, la narrativa de Bad Bunny refuerza la identidad latina a escala global. El artista actúa como embajador cultural y amplificador del destino.

Esto nos lleva a una reflexión más amplia: el turismo del futuro será cada vez más cultural, experiencial y narrativo. Las ciudades y países que comprendan el poder del relato podrán posicionarse mejor en el mapa global. No basta con tener atractivos; hay que contar historias que conecten emocionalmente con las personas.

En definitiva, el show de Bad Bunny muestra cómo la economía del turismo ya no gira solo en torno a playas o monumentos, sino en torno a experiencias significativas.

El relato transforma eventos en destinos, fans en viajeros y cultura en desarrollo económico.

Esa es la verdadera importancia del storytelling en el turismo actual.