La actividad turística se nutre de múltiples disciplinas, pero existen roles que requieren conocimientos específicos. El desafío pasa por profesionalizar el sector y generar nuevas oportunidades de formación para quienes ya trabajan en turismo desde otras áreas.
“¿El turismo necesita gente formada en turismo? Suena obvio. La forma en que operamos dice que no”. Con esta pregunta como punto de partida, se abre un debate cada vez más necesario para una industria que combina múltiples saberes, pero que también demanda profesionales preparados específicamente para determinadas funciones.
El turismo es, sin dudas, una actividad transversal. Marketing, administración, comunicación, economía, tecnología y otras disciplinas forman parte de su cadena de valor. Sin embargo, convertir esa transversalidad en la idea de que cualquier persona puede ocupar cualquier posición puede terminar debilitando la profesionalización del sector.
La falta de formación específica se hace especialmente visible en áreas como la gestión de destinos y la planificación turística territorial, el revenue management y la comercialización hotelera, la guianza y la interpretación del patrimonio, la comunicación y generación de contenidos turísticos y la gestión pública del turismo.
Son funciones que requieren mucho más que buena voluntad o experiencia general. Implican comprender cómo funciona el sector, sus actores, sus dinámicas, sus mercados y el impacto que cada decisión puede generar sobre un destino.
En este sentido, también resulta clave el papel de quienes trabajan en comunicación. Contar un destino sin comprender su cadena de valor puede reducir la promoción turística a una simple exhibición de atractivos, cuando el verdadero desafío está en construir posicionamiento, identidad y competitividad.
Más formación, también para quienes llegan desde otras disciplinas
El debate no implica desconocer el aporte de profesionales provenientes de otras carreras. Por el contrario, el turismo necesita de esa diversidad de conocimientos. El desafío está en sumar formación turística específica a esas capacidades.
En el Caribe colombiano ya existe una oferta académica que permite avanzar en esa dirección, con instituciones como la Universidad del Atlántico y la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla; la Universidad de Cartagena y UNITECNAR en Cartagena; la CUN en Santa Marta y la Universidad del Sinú en Montería, entre otras.
También existen alternativas de especialización, diplomados y certificaciones que permiten que quienes ya cuentan con una formación de base puedan incorporar conocimientos propios de la actividad sin necesariamente comenzar nuevamente una carrera universitaria.
La Especialización en Gestión Integral del Turismo de la Universidad del Atlántico, por ejemplo, apunta precisamente a profesionales provenientes de otras disciplinas que buscan profundizar sus conocimientos en el sector.
La discusión, entonces, no debería plantearse entre “formados en turismo” y “profesionales de otras áreas”. El verdadero desafío es elevar el nivel de formación de quienes toman decisiones dentro de la actividad.
Porque que el turismo sea transversal no significa que no necesite especialización.
Necesita profesionales de distintas disciplinas, pero también necesita profesionales que entiendan profundamente el turismo.
La pregunta que queda abierta para el sector es clara: ¿seguimos utilizando la transversalidad como argumento para que pueda entrar cualquiera a cualquier rol, o empezamos a exigir formación específica allí donde realmente hace falta?


