En el litoral del estado de Maranhão, miles de dunas blancas se alternan con lagunas de agua dulce que aparecen después de las lluvias. El paisaje cambia con el paso de los meses y convierte a este parque nacional en uno de los escenarios naturales más singulares de Brasil.
A primera vista, los Lençóis Maranhenses parecen un desierto de arena blanca que se extiende hasta el horizonte. Sin embargo, entre sus dunas aparecen lagunas de tonos azules y verdes que transforman por completo el paisaje. Este fenómeno natural se encuentra en el nordeste de Brasil, sobre la costa del estado de Maranhão, y es el principal rasgo de un parque nacional que abarca más de 156.000 hectáreas.
La particularidad está en el agua. A diferencia de los desiertos tradicionales, la región recibe lluvias abundantes durante parte del año. El agua se acumula en las depresiones entre las dunas y forma lagunas temporales que varían en tamaño, profundidad y color. Cuando el nivel alcanza su punto más alto, el contraste entre la arena clara y el agua cristalina ofrece una de las imágenes más características del destino.
En 2024, la UNESCO incorporó el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses a la Lista del Patrimonio Mundial, en reconocimiento a su valor natural y geológico.
Un paisaje que cambia con las lluvias

Las lagunas no permanecen iguales durante todo el año. Su formación depende del régimen de precipitaciones y de las características del terreno, que permiten que el agua de lluvia se acumule entre las dunas.
Durante los meses lluviosos, las depresiones se llenan y aparecen las lagunas que distinguen al parque. Después, a medida que las precipitaciones disminuyen, el nivel del agua desciende y muchas de ellas se reducen o desaparecen. En la siguiente etapa de lluvias, el proceso vuelve a comenzar.
También las dunas están en movimiento. Los vientos moldean la arena y modifican sus contornos, por lo que las formas del terreno y la ubicación de algunas lagunas cambian con el tiempo. No se trata de un escenario estático, sino de un sistema natural en permanente transformación.
¿Cuándo se ven las lagunas en su mejor momento?

La experiencia depende de la época elegida para viajar. El período posterior a las lluvias suele ofrecer las lagunas con mayor volumen de agua, aunque las condiciones varían según las precipitaciones de cada año y el sector del parque.
Por eso, planificar una visita requiere algo más que elegir una fecha en el calendario: conviene consultar el estado de las lagunas antes de viajar. El parque puede visitarse durante todo el año, pero el paisaje que encontrará cada viajero puede ser muy diferente.
Entre las principales localidades utilizadas como punto de partida se encuentran Barreirinhas y Santo Amaro do Maranhão. Desde allí se organizan excursiones hacia distintos sectores de dunas y lagunas, con recorridos que dependen de las condiciones del terreno y de las normas de acceso.
Más que dunas y agua turquesa

Aunque las imágenes más difundidas se concentran en las lagunas, el parque forma parte de un entorno ecológico más amplio. Su ubicación corresponde a una zona de transición entre los biomas del Cerrado, la Caatinga y la Amazonia, y alberga distintos ambientes, entre ellos áreas de restinga, manglares, ríos y sectores costeros.
Esta diversidad ayuda a explicar por qué la protección del lugar no se limita a conservar una postal natural. La dinámica de las dunas, la presencia de agua dulce y la interacción entre los distintos ecosistemas son parte de su valor ambiental.
El reconocimiento de la UNESCO también pone el foco en la importancia de preservar estos procesos naturales. La visita, por su parte, está regulada para reducir el impacto sobre un ambiente frágil: los paseos por las dunas deben realizarse mediante servicios y conductores autorizados, y no está permitido circular con vehículos particulares por los campos de arena.
Un destino distinto en cada visita

Los Lençóis Maranhenses ofrecen una experiencia marcada por los ciclos de la naturaleza. En ciertos meses, las dunas se intercalan con lagunas llenas; en otros, la arena gana protagonismo y deja ver un paisaje diferente. La luz, el viento y las lluvias modifican sus formas y colores, haciendo que una misma zona no siempre se vea igual.
Ese cambio permanente es parte de su atractivo. En el litoral de Maranhão, el agua y la arena conviven en un equilibrio que desafía la imagen habitual de un desierto y recuerda que el paisaje no es una fotografía fija: es un territorio vivo, moldeado por el clima y el paso del tiempo.


