El silbatazo inicial del Mundial de Fútbol 2026 despertó la ilusión en los destinos turísticos del Caribe mexicano. Cancún, Riviera Maya y Costa Maya esperaban un aluvión de visitantes atraídos por la fiebre futbolera. Sin embargo, las primeras postales del torneo muestran una realidad muy distinta: hoteles con habitaciones vacías, reservas por debajo de lo previsto y empresarios turísticos que miran el movimiento con más preocupación que entusiasmo.
Por debajo de lo pensado
Las cifras encendieron las alarmas. Durante los primeros días del campeonato, Cancún apenas alcanzó una ocupación hotelera del 56%, mientras que Costa Maya quedó aún más relegada con un débil 29.1%, según datos de la Secretaría de Turismo de México.
En medio del desconcierto, el presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres, Rodrigo de la Peña, explicó que gran parte del impacto se debe a una reorganización estratégica de las aerolíneas estadounidenses. Muchas compañías priorizaron vuelos internos para conectar las ciudades sede del Mundial en Norteamérica, reduciendo así las frecuencias hacia el Caribe mexicano.
La situación golpeó especialmente a Quintana Roo, acostumbrado a recibir un fuerte caudal de turistas provenientes de Estados Unidos. Aun así, el sector no pierde completamente la esperanza. Los empresarios consideran que el panorama podría cambiar en las próximas semanas, especialmente con la llegada de viajeros latinoamericanos que suelen sumarse a las etapas decisivas del torneo.
Pero el fenómeno va más allá de la logística aérea. Francisco Madrid, director del centro de investigación turística STARC, sostuvo que las expectativas alrededor del Mundial fueron demasiado optimistas desde el inicio. El evento prometía convertirse en un motor económico histórico para la región, aunque la realidad del mercado terminó imponiendo cautela.
A pesar del escenario actual, Cancún mantiene una ventaja estratégica difícil de ignorar: su aeropuerto continúa siendo uno de los principales centros de conexión de América Latina, con enlaces directos hacia Europa, Canadá, Estados Unidos y distintos países latinoamericanos. Esa conectividad podría convertirse en la clave para que miles de fanáticos combinen la pasión futbolera con unos días de descanso frente al mar Caribe.
Mientras la pelota sigue rodando en las canchas mundialistas, en las playas mexicanas el partido por atraer turistas todavía está lejos de definirse.


