El conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos comienza a sentirse en el sector turístico con paquetes cancelados, aumento del combustible, incertidumbre en las reservas y cambios en la planificación de viajes internacionales.
Las agencias y operadores turísticos ya comenzaron a registrar cambios en la planificación de viajes, con pasajeros que deciden reprogramar sus itinerarios o elegir destinos alternativos considerados más seguros. Este fenómeno suele redistribuir los flujos turísticos hacia otras regiones, generando un efecto dominó en la industria.
Otro factor clave es el impacto en los costos del sector. La tensión militar afecta al estratégico estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta por donde circula cerca del 20 % del petróleo mundial. El riesgo sobre esta vía generó una fuerte reacción en los mercados energéticos, llevando el precio del crudo de alrededor de 70 dólares a más de 110 dólares por barril en pocos días.
El aumento del petróleo no solo repercute en el transporte, sino también en distintos eslabones de la actividad turística, desde la logística y los traslados hasta el funcionamiento de hoteles y operadores turísticos. A medida que suben los costos energéticos, muchos servicios vinculados al turismo tienden a encarecerse.
La crisis también empieza a afectar al turismo marítimo. La tensión en el estrecho de Ormuz y otras rutas del Golfo Pérsico obligó a modificar algunos itinerarios de navegación y llevó a suspender determinadas rutas de cruceros, generando reprogramaciones y afectando a miles de pasajeros que tenían viajes previstos en la región.
En este contexto, el turismo vuelve a demostrar su fuerte dependencia de la estabilidad internacional. La evolución del conflicto en Medio Oriente será clave para determinar el alcance del impacto en la actividad durante 2026, mientras el sector observa con cautela cómo la geopolítica vuelve a influir en las decisiones de viaje a escala global.


