Brasil vuelve a destacarse entre los viajeros sudamericanos con una selección de destinos que combinan naturaleza, cultura y relax en cualquier época del año, especialmente en otoño cuando las temperaturas son más suaves y los paisajes ganan colores únicos. Desde playas icónicas hasta parques nacionales de biodiversidad excepcional, el país ofrece alternativas ideales para desconectar del ritmo cotidiano y sumarse a experiencias auténticas.
En el noreste, Jericoacoara cautiva con sus dunas doradas, playas de arena fina y lagunas cristalinas como Lagoa do Paraíso y Lagoa Azul, donde el descanso es protagonista.

Su postal más famosa, la Pedra Furada, y los atardeceres desde las Dunas do Pôr do Sol convierten a este pequeño pueblo de Ceará en uno de los sitios más fotografiados del país. Hacia el corazón de Brasil, en Goiás, la Chapada dos Veadeiros despliega cañones, senderos y más de 300 cascadas en un escenario protegido por la UNESCO. La mítica Cachoeira Santa Bárbara, con su agua celeste, es una parada obligada para quienes buscan turismo de naturaleza.
En el sudeste, Capitólio sorprende con los imponentes cañones tallados alrededor del Lago de Furnas, conocido como el “Mar de Minas”. Desde el Mirante dos Canyons, el paisaje se abre en gigantes paredes verdes y espejos de agua que invitan al paseo, mientras que lugares como Lagoa Azul o la Cachoeira do Filó ofrecen espacios perfectos para relajarse o nadar.

Más al sur, en Santa Catarina, Praia do Rosa combina mar, lagunas y montañas en un entorno agreste que mantiene su esencia. Allí es posible recorrer senderos escénicos como Praia Vermelha y Ouvidor, relajarse en la tranquila Laguna do Meio o vivir uno de sus grandes atractivos: el avistaje de ballenas francas australes entre julio y noviembre.

Con propuestas que van desde el ecoturismo hasta la aventura suave y el descanso frente al mar, estos cuatro destinos consolidan a Brasil como un país versátil y encantador para una escapada en cualquier momento del año.


