Colombia apuesta por un turismo ancestral que conecta territorio, cultura y comunidades

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El suroccidente colombiano reúne paisajes andinos, patrimonio arqueológico y saberes indígenas en propuestas de turismo comunitario y experiencial. Yodirlandy Parlenchor, integrante del pueblo Nasa, explicó el valor de estos territorios y el rol de las comunidades en su desarrollo turístico.

El turismo ancestral y comunitario propone una forma diferente de acercarse a los destinos: no se trata únicamente de conocer paisajes o atractivos naturales, sino también de comprender los conocimientos, las tradiciones y la relación con el territorio de las comunidades que los habitan.

Ese concepto atravesó la conversación entre el periodista Tulio Pizarro y Yodirlandy Parlenchor, indígena Nasa, comunicador social y periodista, vinculado a procesos comunitarios, culturales y de fortalecimiento de los sistemas propios de conocimiento de comunidades indígenas en Colombia. El diálogo se desarrolló en el marco de la columna semanal de Tulio Pizarro en Tres60.travel.

Durante la entrevista, Parlenchor puso el foco en el suroccidente de Colombia, particularmente en los departamentos de Cauca, Nariño y Putumayo, una región donde confluyen la cordillera de los Andes, la Amazonía, territorios indígenas y un importante patrimonio natural y arqueológico.

Cauca: territorio, patrimonio y memoria indígena

Uno de los principales ejes de la conversación fue el departamento del Cauca y, dentro de él, el Macizo Colombiano, considerado una importante estrella fluvial del país y territorio ancestral de distintos pueblos originarios.

Parlenchor destacó la presencia de comunidades como los Nasa, Misak y Yanacona, y remarcó la importancia de utilizar las denominaciones propias de cada pueblo. En ese contexto, mencionó a Silvia, territorio asociado al pueblo Misak, y a Tierradentro, uno de los espacios de mayor relevancia arqueológica y cultural del Cauca.

En Tierradentro, el turismo se vincula especialmente con los hipogeos, construcciones funerarias subterráneas que forman parte del patrimonio arqueológico de la región y que fueron reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Mundial.

Según explicó el entrevistado, el valor de estos espacios excede la observación de sus estructuras. La propuesta consiste en aproximarse también a la historia y al conocimiento de los pueblos que desarrollaron y preservaron estos territorios.

Dentro de ese recorrido mencionó además la laguna de Juan Tama, vinculada a la tradición del pueblo Nasa y a la figura del líder indígena Juan Tama. De acuerdo con la tradición relatada durante la entrevista, el lugar forma parte de un territorio de especial importancia espiritual para la comunidad.

Puracé y la relación entre turismo y naturaleza

Otro de los territorios abordados fue Puracé, ubicado en el área de influencia de la cordillera Central de los Andes y próximo a Popayán.

Parlenchor explicó que dentro de la cosmovisión de las comunidades indígenas determinados elementos naturales son considerados figuras vivas y protectoras del territorio. En ese marco, el volcán Puracé ocupa un lugar relevante.

La experiencia turística, desde esta perspectiva, incorpora una dimensión cultural. Para Parlenchor, conocer un territorio implica también aproximarse al pensamiento de quienes viven allí y a su relación con la naturaleza.

“No es solo conocer la zona, sino conocer el pensamiento de esa zona”, planteó durante la entrevista.

El concepto también se relaciona con una de las ideas centrales que atravesaron la conversación: el turismo puede contribuir a generar una mayor conciencia sobre el cuidado ambiental cuando el visitante comprende la relación que las comunidades mantienen con los recursos naturales.

La Bota Caucana y las iniciativas comunitarias

La conversación también llegó hasta la Bota Caucana, en el sur del departamento, particularmente a Piamonte, donde se desarrollan proyectos vinculados al turismo y al trabajo comunitario.

Entre ellos fue mencionado Chasta Paraíso, presentado como un proceso construido alrededor de la conservación y la atención a visitantes.

Para Parlenchor, una característica de estas experiencias es el contacto directo con las personas que habitan y cuidan los territorios. El visitante no solo llega a un atractivo turístico, sino que tiene la posibilidad de conocer a quienes participan de su conservación y de las actividades comunitarias.

El conocimiento ancestral como economía propia

Otro de los aspectos destacados durante la entrevista fue la relación entre turismo, conocimientos tradicionales y generación de oportunidades económicas para las comunidades.

Parlenchor explicó que desde los pueblos indígenas se trabaja bajo el concepto de “economías propias”, buscando transformar conocimientos tradicionales en productos y emprendimientos que puedan generar alternativas, particularmente para las nuevas generaciones.

En ese marco mencionó iniciativas vinculadas con la botánica tradicional y la producción de alimentos, entre ellas diferentes productos elaborados a partir de plantas utilizadas históricamente por las comunidades.

Durante la entrevista también presentó productos a base de cannabis, plantas nativas y otros elementos de la botánica local, además de distintas variedades de cafés especiales producidos en el territorio.

Las iniciativas, según explicó, forman parte de una estrategia más amplia que busca fortalecer las economías comunitarias y generar alternativas en territorios que también enfrentan problemáticas sociales y los efectos del conflicto armado.

Turismo experiencial

El recorrido planteado durante la conversación muestra un modelo de turismo en el que el patrimonio natural y cultural se encuentra estrechamente relacionado con las comunidades locales.

Paisajes de montaña, volcanes, ríos, sitios arqueológicos, tradiciones, gastronomía y conocimientos ancestrales forman parte de una propuesta que busca que el visitante tenga una aproximación más profunda al territorio.

La idea, sintetizada por Parlenchor durante la entrevista, es que el turismo pueda convertirse también en una herramienta para conocer, valorar y cuidar la vida y la naturaleza, al mismo tiempo que genera oportunidades para las comunidades.

El suroccidente colombiano aparece así como un espacio donde el turismo experiencial se vincula con la identidad de sus pueblos y con la preservación de conocimientos que continúan transmitiéndose entre generaciones.